viernes, 9 de agosto de 2019

4.427 nombres españoles contra la barbarie nazi en Mauthausen

El BOE ha publicado este viernes los datos de los republicanos que perdieron la vida en los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial

Prisioneros republicanos españoles reciben a las fuerzas americanas el 5 de mayo de 1945, día de la liberación de Mauthausen-Gusen. 
Durante años, los datos de 4.427 personas que murieron en el campo de concentración nazi de Mauthausen-Gusen estuvieron arrinconados en unos viejos libros de la sede del Registro Civil Central, en la madrileña calle de la Montera. Nombres, apellidos, lugares de nacimiento y fechas de defunción que permitían unir los crímenes nazis con las miles de historias personales de estos españoles republicanos, que lucharon en dos guerras y sufrieron lo indecible hasta encontrar su final en un campo de concentración. Tras fijar el 5 de mayo como un día para homenajear todos los años a las víctimas españolas del nazismo, el Gobierno ha publicado este viernes en el Boletín Oficial del Estado(BOE) los datos de todas las víctimas españolas de Mauthausen. [...]
FUENTE: El País. 

miércoles, 31 de julio de 2019

Todo estaba en el punto de partida: Podemos y el abatimiento de la izquierda

Es el momento de las explicaciones, de justificar cómo se ha llegado hasta aquí. Pero las consecuencias del fracaso de Podemos van más allá y están dejando efectos desoladores

ESTEBAN HERNÁNDEZ

Eran otros tiempos, pero las diferencias ya estaban presentes. (Reuters)

30 julio 2019

Es curioso cómo, una vez constatada la derrota, han empezado a difundirse las explicaciones acerca de lo que no ha funcionado. Han aparecido numerosos artículos en los últimos días sobre lo que ha ido mal y sus causas, y el mismo Iglesias ha dedicado un 'Fort Apache' a explicitar los motivos del descarrilamiento. El líder de Podemos, en realidad, no ha hecho más que ratificar todo aquello que los suyos han divulgado por las redes en las últimas fechas: las élites querían acabar con Podemos, el PSOE forma parte de una malla de poder sistémica y su única intención durante las negociaciones era doblar el brazo a los morados para hacerles el mayor daño posible. En el fondo latía la negativa radical del sistema a incorporar políticas de izquierda, así como un cierre ideológico que redirige las alianzas hacia el PP y quizá Cs si entra en razón. En definitiva, el régimen del 78 se ha regenerado y trata de asentarse eliminando a su rival más incómodo, Podemos.
Era previsible una reacción como esta, que alude a la peligrosidad real de un partido no domesticado y a una reducción de los márgenes para la política, pero es una explicación insuficiente. Imaginemos que fuera así y existiera una intención expresa por parte de los poderes fácticos españoles de excluir del Gobierno a Podemos; es más, que la hubiera para que el partido desapareciese. Pero eso es algo que no está en sus manos. Hay que partir del detonante de todo este proceso, las últimas elecciones y los resultados obtenidos en ellas, que son los que enmarcan las posibilidades. Si hubiera ganado UP las elecciones, estaríamos en otro contexto, al igual que si hubieran obtenido los 53 diputados necesarios para lograr la mayoría absoluta junto con los 123 del PSOE. No fue así, y eso lo decidieron los electores, no los poderes fácticos.

El error táctico

En segunda instancia, incluso cuando hubiera un deseo expreso del PSOE de gobernar en solitario, que está presente en buena parte de sus dirigentes, los socialistas también eran conscientes de que UP les era necesario. En buena medida porque se trataba de la opción preferida de la mayoría de sus votantes, también porque hay cuadros socialistas que prefieren un Gobierno de izquierda y, desde luego, porque era la opción más factible. En ese escenario, las negociaciones fueron tardías y deficientes, llenas de desconfianza por ambas partes y demasiado centradas en el reparto de poder. Podemos jugó sus bazas y los socialistas las suyas, pero la realidad es que Iglesias no supo sacar partido de sus opcionesSobrevaloró sus posibilidades, del mismo modo que creyó que el ansia de conservar el Gobierno por parte de Sánchez le llevaría a ceder más parcelas.
Puede que los poderes fácticos no quisieran que UP estuviera en el Gobierno, pero hubo oferta para ello; más satisfactoria o menos, más justa o menos, pero la hubo, y lo cierto es que a una parte no menor de la población una vicepresidencia y tres ministerios no le parecen desdeñables. Y, en realidad, tampoco lo eran. Quizá se trataba de áreas que no eran claves, pero UP no podía pretender la misma cuota que si sus escaños sumasen mayoría absoluta y actuó como si así fuera. Además, es un partido con debilidades internas, lo que le perjudicaba a la hora de negociar, porque la otra parte lo sabía y sacó partido de ello, y conseguirá más de esa presión tras el fracaso. Y además existían otras opciones. De modo que quizá Sánchez y Redondo no querían gobernar con Podemos, pero lo cierto es que Iglesias se lo puso muy fácil. Los socialistas no jugaron muy limpio, pero los morados cayeron en la trampa.

Regresar al inicio

Tras la derrota, cada facción de UP, incluidos los que ya no están, trata de explicar a los suyos los motivos de que las cosas no hayan funcionado, pero lo curioso es que todos lo hacen desde la misma perspectiva. El sentido y emocionante artículo de Yayo Herrero describiendo los errores que llevaron al triunfo de la derecha en la ciudad de Madrid y en el que aboga por una reconstitución de la izquierda a partir de su vitalidad popular, no es más que una alabanza de lo que fue Ganemos. En el fondo, lo que expresa es que se hicieron las cosas bien en un momento concreto, pero que después todo se pervirtió y que para volver a tener éxito habría que regresar a ese instante. Errejón insiste en que habría que regresar a ese momento populista en el que se buscaba vincular a mayorías, y que se perdió por el desplazamiento hacia la izquierda y por el talante hostil de Iglesias. Y los anticapitalistas continúan en lo suyo, hablando de regresar a organizaciones horizontales y antifascistas y de lo común y de la importancia de los movimientos no institucionales.
Pero más allá de las propuestas de cada corriente, que consisten en regresar al punto de partida (es decir, a su punto de partida), el mensaje que transmiten es el siguiente: todo iba bien, todo funcionaba hasta que alguien lo estropeó. Algunos, como Isidro López, exdiputado en la Comunidad de Madrid, han sido muy explícitos, hablando de la “basura errejonista/carmenista” a raíz de la Operación Chamartín, pero esa hostilidad es común, aunque se exprese en términos más amables: todo iba bien hasta que nos convertimos en un partido que se basaba en el hiperliderazgo, todo iba bien hasta que los errejonistas se vendieron, todo iba bien hasta que entró IU, todo iba bien hasta que Iglesias purgó a Errejón, todo iba bien hasta que el Ibex decidió que no íbamos a gobernar.

Las verdaderas causas

A todos los que desean volver al punto de partida tratando de encontrar la pureza perdida, que era también la causa del éxito desde su perspectiva y que casualmente coincidía con las tesis que su corriente defiende, hay que señalarles de modo expreso que no es así; que todo lo que ha ocurrido es precisamente consecuencia del punto de partida. Podemos es un partido montado por tres corrientes muy distintas, a las que solo unía el rechazo de la izquierda tradicional, es decir, de IU, y la hostilidad frente al PP, pero que ni compartían proyecto ni se llevaban bien. Es un proyecto sin articulación territorial, ya que dependía de sus confluencias, y esa debilidad interna se acrecentó cuando IU se sumó a Podemos. Es un partido que carecía de bases, porque a todos aquellos que se fueron acercando a los círculos los mandaron rápidamente a casa, y que tampoco contaba con cuadros preparados. Es un partido que, como bien señala una extrabajadora de Podemos en un artículo conmovedor, se construyó a partir de un solo criterio, la lealtad (“te das cuenta de que los que mandan siguen en lógica de guerra. Que si no matas por ellos no eres fiel, que no vales la pena. Que no sirves para nada”). Es un partido que, por tanto, expulsó el talento (“te ves rodeada de necios inútiles a los mandos. Y sigues viendo lo que llevas viendo desde el primer día: gente absolutamente excepcional a la que alejan, o que se aleja porque no lo soporta más”). Es un partido que excluía a los que pensaban diferente con formas hostiles y calificativos despectivos. Es un partido construido a partir de la figura de un líder que se rodeó de un núcleo reducido de fieles, y que, en consecuencia, cuando se equivocó estratégica y tácticamente, no tenía a nadie al lado para reconvenirle. Con todas estas piezas, la derrota era el único destino.

Tierra devastada

Ahora, cada una de las corrientes, que actuaban del mismo modo, alega una causa justificativa y trata de quedarse con los restos con la excusa de un reinicio. No, gracias. No es cuestión de volver a vuestras casillas de salida, porque todo ha salido según lo esperado, no ha sido más que una sucesión de acontecimientos lógicos. Y lo peor no es la derrota, ni no estar en el Gobierno, ni la escasa presencia social, sino la sensación de abatimiento y desesperanza que habéis dejado, convirtiendo la izquierda en tierra devastada.
Desde luego, España necesita una izquierda a la altura de los tiempos y, aunque tarde, logrará construirse, de eso no hay duda. Hemos de afrontar problemas serios y más en una etapa de recomposición del capitalismo y de cambio geopolítico, que tiene consecuencias obvias en numerosos asuntos, materiales, sociales y climáticos. Por lo tanto, no más purgas, no más núcleos irradiadores, no más soberbia y desdén, no más desconocimiento de la sociedad en la que vivís, no más fórmulas de éxito televisivo, no más procesos constituyentes, no más significantes vacíos, no más conceptos altisonantes, no más estupideces. Tuvisteis vuestro momento y lo habéis desaprovechado. Actuad en consecuencia.

lunes, 29 de julio de 2019

Más del 40% de los hogares hace sobreesfuerzos para pagar el alquiler

Es la tasa más elevada en Europa. España también está a la cola comunitaria en alquiler social, con apenas un 1,5% de parque de vivienda bajo está modalidad
CTXT / OBSERVATORIO SOCIAL ‘LA CAIXA’
El J.R. Mora de hoy: Ladrillo (09/12/2017)

23 de julio de 2019

Ni antes, ni durante, ni siquiera después de la crisis, con la lenta y desigual recuperación económica. El mercado –es decir, el sector privado– no ha sido ni es capaz de asegurar por sí solo una cobertura amplia del derecho a la vivienda en España. Todo ello, pese a la insistencia y propagación de este mantra desde determinados sectores económicos y políticos. Así lo advierte el reciente estudio Sistema de vivienda y estado del bienestar. El caso español en el marco europeoque hace un repaso de los datos fundamentales del acceso a un hogar en condiciones en nuestro país durante los últimos años, cuando se han llevado a cabo cerca de 720.000 ejecuciones hipotecarias y 327.000 desahucios.
Las conclusiones son cristalinas, a la vez que preocupantes: en España existe una clara desprotección en materia de vivienda, con una desatención endémica en el desarrollo de políticas públicas en este ámbito. No por casualidad nuestro país esta a la cola de Europa en la promoción del alquiler social, con apenas un 1,5% del parque de vivienda bajo esta modalidad de acceso.


Y, precisamente, ha sido entre los inquilinos donde más ha afectado este tremendo desajuste residencial. Según los datos recopilados por el estudio, que firman los investigadores Jordi Bosch, de la Universitat Pompeu Fabra, y Carme Trilla, del Observatorio Metropolitano de la Vivienda de Barcelona, España es el país de la Unión Europea donde un mayor porcentaje de familias –42%– tiene que hacer un sobreesfuerzo para pagar el alquiler de su casa, a más de 25 puntos de lo que ocurre en lugares como Francia o Austria.

Entre otras cuestiones, la apuesta histórica del país por un modelo basado en la propiedad –3 de cada 4 hogares– ha derivado en una insuficiente oferta de vivienda en alquiler y en el crecimiento exponencial de los precios.


De esta forma, hoy en día la demanda potencial de vivienda social en el país –incluida la modalidad de compra– se sitúa en 1,5 millones de hogares. Una cifra que, además, podría crecer en más de un millón para dentro de una década.
Pese a ello, el bajísimo nivel de financiación pública en el ámbito de la vivienda en nuestro país supone un escollo fundamental para dar respuesta a todas estas necesidades sociales: según datos recopilados en el documento, el gasto en vivienda en España apenas representa el 0,1% del gasto público total y el 0,2% del gasto social, un porcentaje hasta 2,4 puntos inferior a la media de la Unión Europea.
Además de poner en jaque la defensa de un derecho fundamental protegido por la Constitución, todas estas circunstancias también están teniendo serios efectos sobre otros ámbitos del Estado de bienestar. De esta forma, la sobreocupación, el estrés residencial, los desahucios o la pobreza energética derivan en bajos niveles de bienestar físico y psicológico, y afectan a parcelas como la educación o la sanidad.
Así, según el estudio, los costes que tienen las viviendas inadecuadas sobre la salud de la población generan unos gastos al país de cerca de 22.300 millones de euros anuales, el tercer volumen más alto de toda la UE. Un extremo para el que la inversión en la mejora de las condiciones residenciales demuestra una alta eficiencia: según los parámetros medios comunitarios, por cada 3 euros que se invierten en este ámbito, se produce un ahorro de 2 euros en el sistema de salud nacional.
La falta de cambios sobre estas dinámicas residenciales, advierten los investigadores, están conduciendo inevitablemente a un aumento de las desigualdades en España. Mientras, la evidencia científica es incontestable: “El hecho de que invertir más en política de vivienda tendría un efecto positivo en las demás políticas públicas relacionadas con el Estado del bienestar”, concluyen.

lunes, 22 de julio de 2019

Carta abierta a Emmanuel Macron


Francisco Javier López Martín
22 de julio de 2019

Emmanuel,


Disculpa que no te llame Presidente, Señor Presidente, o Presidente Macron. Es una de las reglas que me he impuesto al escribir estas cartas abiertas. No he usado el usted con nadie incluidos el papa y el rey.



El motivo de esta carta es hablarte de mi abuelo, desaparecido tras la Guerra Civil española y cuyo último paradero conocido se encuentra en tierras francesas. Me cuenta mi hermana Sara, que vive en tu país, que los exiliados españoles siguen siendo un asunto espinoso y delicado.



Debió de ser conmovedora, impresionante y convulsa, aquella avalancha de cientos de miles de refugiados llegados en tan poco tiempo, a caballo entre el primer triunfo militar y violento del fascismo, en un país como España y el comienzo de una Guerra Mundial en la que los impetuosos dictadores tomaron una ventaja que costó más de media década combatir y vencer.

Mi abuelo estaba entre ellos. Se llamaba Calixto López Cuena. Había nacido en un pueblecito de la sierra madrileña llamado Collado Mediano, un 14 de octubre del año 1894. Tenía mujer, tres hijos y casi 42 años cuando se produjo el golpe militar y estalló la Guerra Civil. El avance del ejército sublevado fue rápido, pronto llegaron a Segovia y treparon a las cumbres de Guadarrama, donde fueron contenidos por tropas leales a la República y por muchos milicianos voluntarios llegados desde Madrid.

El cuartel de las milicias comunistas, al mando de Enrique Líster, se instaló en el pueblo, en un hotel de veraneantes, hoy restaurante, desde el que se divisaban las cumbres de la Sierra. Aquel parece que fue el embrión del Quinto Regimiento que luego se constituyó en el patio del Colegio de los Salesianos de Estrecho.

Me gusta pasar por allí, suponer que fue en ese lugar donde Calixto se presentó voluntario, como tantos otros, para frenar el avance del fascismo. Imagino que allí escuchó alguno de los discursos de Dolores Ibarruri, La Pasionaria, cuando subía desde Madrid a animar a las tropas.

No puedo dejar de pensar que mi abuelo acudió a aquella cita con su destino para defender a su mujer, a sus hijos, a los hijos de sus hijos, a ti, a mí. La derrota de España decidió la derrota de la Europa democrática. Me siento orgulloso de él. Como tenía ya 42 años y era el mayor de los que acudieron a alistarse, se ganó el apelativo de El abuelo. 

Pasaron los terribles años de la guerra y mi abuelo pasó la frontera hacia Francia, tras haber ido perdiendo batallas, hasta terminar defendiendo Cataluña. Aquellos que consiguieron regresar, tiempo después, contaban que en Francia fue internado en uno de aquellos improvisados campos de refugiados. Pero mi tío Andrés, el último de sus hijos vivo, no recuerda si dijeron en que campo se encontraban.

Allí contrajo una enfermedad, una infección grave, unas fiebres dijeron y fue trasladado a un hospital. Estalló la Guerra Mundial y ya no se supo nunca nada más de él. Mi tío dice que el hospital fue bombardeado y maldice a Hitler, al que considera el causante final de que mi abuelo no regresara. Él acudió a la estación cuando volvieron los supervivientes. Era muy pequeño. Vio cómo bajaban de los vagones. Allí no venía su padre.

En España, estas cosas han sido vividas siempre en silencio. Cada familia recogió su dolor y sus penas, las guardó durante cuarenta años y, cuando volvió la democracia, se convirtieron en verdades incómodas durante otros tantos años. Como si hablar de ellos fuera una vergüenza, como si recordar a los desaparecidos, o buscar sus restos para darles digna sepultura, fuera una provocación. Cada país tiene sus vergüenzas, ésta es la nuestra. Nuestra memoria incómoda, nuestra deshonra nacional.

He intentado encontrar alguna pista para dar con mi abuelo, con menos empeño que otros muchos en mi país. Siguiendo la orientación de algunos investigadores e historiadores, me he dirigido a algunos archivos internacionales. Un investigador francés ha incluido la información sobre mi abuelo en un boletín en el que aparecen docenas de personas buscadas aún por sus hijos o nietos.

El trabajo que realizan es imprescindible pero, aunque son muchos los años transcurridos, su tarea es dura e inabarcable. Son muchos los archivos dispersos, aquí y allá y los plazos se alargan durante meses y años en la mayoría de los casos.

Por el momento, gracias a mis hijas, que han espoleado mi necesidad, he conseguido encontrar una modesta ficha sobre mi abuelo en los archivos de Salamanca, ese archivo donde fueron a parar más de 300.000 fichas sobre republicanos, sindicalistas, masones y militantes políticos, que las tropas franquistas iban requisando pueblo a pueblo y luego eran utilizadas por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.

La ficha de mi abuelo Calixto dice escuetamente, "Calixto López Cuena, vecino de Collado Mediano (Madrid), cantero, afiliado a la UGT y al PCE, enrolado en las Milicias del Quinto Regimiento"Los documentalistas terminan informando, "Se trata de la referencia localizada, no aparece otra". Es todo cuanto tengo.

Ya sé que son muchos los problemas que acucian cada día a un político, más aún si es presidente de un país preocupado por evitar que Europa se deshilache y desvanezca. Pero, a pesar de ello, me atrevo a pedirte que me ayudes a encontrar alguna pista que me permita saber dónde se encuentra la tumba de mi abuelo o, al menos, conocer qué fue de él, cuáles fueron las circunstancias de su muerte.

No quiero un trato privilegiado. Como tantas otras personas, sólo quiero  encontrar el camino que me conduzca a los lugares donde Calixto pasó los últimos instantes de su vida, soñando que los suyos volverían un día a buscarle, liberarle del olvido y charlar con él, como lo hacen los muertos y los vivos.

Gracias y un abrazo.

Francisco Javier López Martín


Fuente: infoLibre

domingo, 14 de julio de 2019

Lo que debemos a los sindicalista


JAVIER LÓPEZ
9 JULIO 2019

La Confederación Sindical Internacional (CSI) acaba de dar a conocer su Índice Global de Derechos. Tras echarle un ojo, lo primero que destaca es que España no es de los peores países del planeta, aunque sí ocupa puestos de cola cuando nos comparamos exclusivamente con los países europeos. Estamos entre los países en los que se producen vulneraciones regulares y habituales de los derechos laborales.
Nada que ver con esos países como Colombia, Brasil, Guatemala, Honduras, Pakistán, Filipinas, o Zimbabwe, donde se han producido asesinatos de sindicalistas. Pero no todo es crimen organizado por los ricos y poderosos contra los sindicalistas. En el 85% de los países se vulnera el derecho de huelga. En cuatro de cada cinco no existe pleno derecho a la negociación colectiva. En 107 países se excluye a los trabajadores del derecho a crear sindicatos y en más del 70 % no pueden defender sus derechos ante la justicia.
La violencia contra los sindicalistas, incluidos crímenes y desapariciones, la prohibición de reunirse, realizar asambleas, plantear sus reivindicaciones, inscribir sindicatos, defender derechos ante los tribunales, son prácticas frecuentes en muchos países del planeta.
En el continente europeo, España se encuentra entre esos países como Rusia, Bulgaria, Hungría, Polonia, Albania, o Reino Unido, en los que se producen frecuentes violaciones de los derechos laborales. Un nivel mejor que el de Rumanía, Bielorrusia, Ucrania, o Grecia, pero mucho peor que el de Francia, Alemania, Suecia, Irlanda, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Bélgica, Suiza, Austria, Holanda, o Italia, entre otros.
El Índice Global de Derechos pone algunos ejemplos de lo que ocurre en nuestro país. Uno de ellos, la larga trayectoria de Amazon en vulneración de derechos laborales a sus trabajadores, que incluyen recortes salariales, abusos de trabajos en festivo, turnos de noche, sin obviar despidos de sindicalistas. La multinacional, según revela el informe, contrata despachos jurídicos bien relacionados con el poder para limitar los efectos de estas vulneraciones sistemáticas de derechos.
Otro de los ejemplos que hace referencia a nuestro país es el del tratamiento del derecho de huelga que, mediante la aplicación del Artículo 315.3 del Código Penal, hace posible la condena a numerosos años de cárcel por ejercitar el derecho de huelga, sin que gobierno alguno haya cambiado el contenido de una ley que bien pudiera ser equiparable a los más duros años del franquismo.
La construcción de sociedades democráticas no depende sólo del derecho a votar cada cierto tiempo para elegir a los políticos que han de gobernar durante un periodo de tiempo. La democracia no puede quedarse a las puertas de las empresas, o al margen de la vida cotidiana de la ciudadanía. Promover la participación es un deber constitucional de nuestros gobernantes. Nadie, ninguno de nuestros gobernantes,  debería olvidarlo.
Franco murió en la cama, pero la dictadura murió en las calles, le gusta recordar a Nicolás Sartorius. La ultraderecha hubiera querido la continuidad del franquismo, con leves retoques, tal y como intentó hacer Arias Navarro avalado por una larga carrera política en los puestos más negros y duros de la dictadura.
Si el intento no fue posible se debió a las movilizaciones sindicales de las CCOO y las luchas vecinales en los barrios. Tras el asesinato de los Abogados de Atocha, el 24 de enero de 1977 y la impresionante demostración de serenidad, dolor, fuerza y capacidad organizativa durante su entierro, la legalización del PCE y de los sindicatos era ya inevitable y la democracia no tuvo vuelta atrás.
No hay democracia sin partidos políticos, es cierto. Pero eso no basta. No hay democracia sin sindicatos. No hay democracia, sin organizaciones vecinales y sociales, que vertebren las reivindicaciones de la ciudadanía. Conviene no olvidarlo. El poder, por sí mismo, dejado a su libre albedrío, tiende a convertirse en cruel, impune, corrupto. No importa quién lo detente.
Son las elecciones libres y la sociedad vertebrada y organizada las que garantizan que eso no ocurra y que gobernar un país, una empresa, un ayuntamiento, requiera de la escucha, la negociación y la búsqueda de acuerdos que establecen equilibrios de intereses distintos, diversos, plurales. Son los sindicatos y las organizaciones vecinales y sociales, los que trajeron la democracia y los que cada día defienden los derechos y libertades que la alimentan.
Nada es para siempre. Lo que conquistamos un día podemos perderlo si no lo defendemos. También en nuestro país.

Fotografía: ©JREBOLLO/Secretaría de Comunicación CCOO (Flickr)

La política de los gestos


JAVIER LÓPEZ
10 JULIO 2019

Las elecciones generales se celebraron hace ya más de dos meses. Las municipales, autonómicas y europeas hace más de un mes. Todo parece apuntar a que vamos hacia un periodo veraniego entretenido, en el que nuestros políticos van a hacer todo lo posible para justificar que hacen honor a sus promesas electorales y hasta se dan el tiempo necesario para traicionarlas.
Los resultados electorales no son, ni mucho menos, concluyentes. España ha decidido repartir los votos como en lotería navideña y repartir juego para todos. El bipartidismo imperfecto y corregido del que venimos hacía que derechas, o izquierdas, gobernaran casi siempre de la mano de fuerzas nacionalistas moderadas.
El pluripartidismo al que hemos llegado no es mucho más perfecto, si tomamos en cuenta que el nacionalismo catalán se ha desquiciado y las fuerzas con implantación en todo el territorio nacional no encuentran la vía para propiciar los acuerdos necesarios para alcanzar, ni tan siquiera, un acuerdo de gobernabilidad.
El socialismo ha ganado las elecciones gracias a una minoría mayoritaria con la cual pretende gobernar como si hubiera conseguido una mayoría absoluta. Desconfiados barones, casi siempre varones, con regencia, marquesado o ministerio, visualizan cualquier compromiso estatal de gobierno con otras fuerzas de la izquierda, como una amenaza a su futuro.
La izquierda del PSOE ha visto crecer las fracturas internas de las confluencias, de los comunes con máximo común divisor, de los compromisos tan sólo parciales, adelante y atrás, atrás y adelante. Pareciera que tan sólo tocar poder podría calmar las aguas y permitiría repartir juego, hilvanar cuanto se ha ido deshilachando.
Un partido como Ciudadanos, nacido para centrar y renovar el centroderecha, se encuentra ahora condenado a jugar sólo por la banda derecha, después de haber cerrado cualquier posibilidad de repartir balones hacia ambas bandas. Ahora sólo queda buscar alguna disculpa creíble para justificar el aspaviento permanente, e intentar unir las filas cada vez más desconcertadas.
La derecha tradicional sigue tapando como puede las vías de agua de la corrupción en las cloacas del poder. En todos los fregaos, entuertos y despropósitos aparecen asociados. Ahora se comportan como dueños de sus silencios y cautivos de cuanto puedan decir, que pueda ser utilizado en su contra. Como el PSOE, son un partido grande y de larga trayectoria. Resistirán, pero seguirán sufriendo sustos y sobresaltos cada día de oposición y cada segundo en el gobierno.
Por último, la ultraderecha que ha decidido desgajarse del PP, comienza a comprobar que recoger el descontento de los sectores reaccionarios, no garantiza entrar en gobiernos y se ve abocada a ser comparsa de PP y Ciudadanos, o permitir gobiernos de la izquierda. Cualquiera de las dos cosas desgasta y puede ser imperdonable para sus votantes.
Por todo ello, todos van a darse tiempo, puede que mucho tiempo, para el teatro, la escenografía, el decorado y los gestos hacia la galería. Amenazarán con nuevas elecciones aquí o allá y hasta, en algunos lugares, pisarán la frontera de una nueva convocatoria. Pero unas nuevas elecciones son muy peligrosas para todos ellos, una vez que España ha votado una y otra vez, hasta el hartazgo.
Ninguno puede tener claro, digan lo que digan las amañadas encuestas, que nivel de apoyo, o de abstención, van a cosechar si se someten a un nuevo plebiscito, que puede convertirse en un domingo negro para quien menos se lo espere. Ya tienen los votos, son los que son y tienen que gestionarlos bien, sin tanta alharaca e intento de justificar posiciones injustificables.
Después de recorrer el camino de las musas al teatro, va siendo hora de pasar de los gestos a los hechos, de los problemas a las soluciones, de la confrontación, al diálogo. No sé si tenemos lo que merecemos, lo que nosotros mismos hemos permitido y alimentado con nuestro voto, probablemente sí. Pero seguro que, cuando votamos, queríamos tener algo mejor y pensamos que elegíamos a los mejores para hacerlo posible.


sábado, 6 de julio de 2019

En defensa de Madrid


Javier López

Patrono de las Fundaciones Abogados de Atocha y de la Sindical Ateneo 1º de Mayo


Ya han pasado dos meses desde las elecciones autonómicas y municipales. Anda aún la derecha perpetrando pactos extravagantes en los que, inevitablemente, se ven obligados a aceptar el concurso, las condiciones, la participación en el gobierno y hasta la firma de una ultraderecha escaldada con el pacto de gobierno en Andalucía, en el que se sienten tratados como apestados indispensables.

Dos meses y todavía me sigo preguntando qué ha pasado para que, tras un breve paso de cuatro años por la izquierda, la mayoría de votantes madrileños haya hecho posible una alianza cantada de las fuerzas de una derecha, antes aglutinada por un PP, sometido ahora a escisiones por su ultraderecha y por su otra derecha.

Eran previsibles reacciones inmediatas como la supresión de Madrid Central, el cuestionamiento del Día del Orgullo y ataques a la libertad de expresión, como la reciente prohibición del concierto de Def con Dos en las fiestas de Tetuán. Mal empezamos y, sin embargo, los resultados electorales son los que son y lo hacen posible.

Al igual que hubo muchos que, medio en broma, medio en serio, afirmaban que contra Franco vivíamos mejor, habrá ahora quien vuelva a la movilización contra esto y aquello, con la sana intención de unir a una izquierda que no supo unirse para defender sus soluciones y propuestas.

No digo que no haya que movilizarse, porque habrá que hacerlo y mucho. Pero creo que hay que dedicar tiempo a analizar en qué nos hemos equivocado, qué hicimos mal y qué tenemos que hacer ahora para corregir errores y generar propuestas ilusionantes, para la ciudadanía. Algo que creo ha faltado en los últimos tiempos.

Errores como el cometido por el PSOE, al presentar un candidato desde la Moncloa, que tuvo poco tiempo para situarse en Madrid y que se veía obligado a leer literalmente las propuestas que los solventes “expertos” en comunicación le iban preparando. Los resultados han sido escasos y claramente insuficientes.

Errores como el cometido por los miembros de las innumerables confluencias y aparatosas divergencias, aglutinados en torno a Podemos, o Izquierda Unida, dividiendo una siempre precaria alianza que ganó las elecciones como Ahora Madrid.

Manuela Carmena ha sido una buena alcaldesa, preservada por encima del bien y del mal, pero al frente de un grupo de concejales tremendamente complejo. Al final, en un intento por asegurar una candidatura menos complicada, ha terminado confluyendo, a su vez, con una fracción escindida de Podemos, sembrando mayor confusión y cometiendo el error político de anunciar que si no ganaba, no estaba dispuesta a liderar la oposición.

Con todo, no creo que el problema haya que atribuirlo sólo a estas circunstancias. Es en los barrios populares, como Usera, Villaverde, Vallecas, Carabanchel, o Vicálvaro, donde ha aumentado la abstención, mientras que la participación ha aumentado en Centro, Salamanca, Chamberí, Centro, o Retiro. La derecha y la izquierda se la juegan en Madrid siempre por la mínima. Y esta vez esa mínima se ha decantado hacia la derecha, por incomparecencia de una parte del voto de la izquierda.

Creo que recuperar Madrid para la izquierda pasa por defender Madrid Central, pasa por defender los derechos conquistados, ya sea el Orgullo LGTBI, o la libertad de expresión y cultura. Pero pasa, sobre todo por recuperar la ilusión de transformación y cambio de unos barrios que han percibido que la atención iba a Madrid Central, calle Atocha, o Gran Vía, olvidando crear nuevas y atractivas centralidades en los distritos.

Hemos visto cómo se allanaban los caminos para inmensos pelotazos urbanísticos de bancos y constructoras en Chamartín, o en el Paseo de la Dirección, mientras las calles sucias, los alcorques deteriorados, los solares abandonados, las casas de apuestas sin control, se apoderaban de las periferias de la almendra central.

Los barrios han comprobado cómo se devolvía deuda municipal a los bancos, mientras no se ejecutaban las inversiones prometidas, previstas y hasta aprobadas en vivienda social, rehabilitación, escuelas infantiles, centros deportivos, o culturales, reforzamiento de los servicios sociales, o atención a las personas mayores y dependientes.

La izquierda política tendrá que alentar las manifestaciones para evitar retrocesos, pero su principal tarea se encuentra en escuchar las necesidades de la ciudadanía, traducirlas en propuestas y defender proyectos de ciudad en cada barrio y distrito. Ilusionar y movilizar voluntades para evitar que un tropezón se convierta en una caída. Para evitar que el salto atrás que se avecina de la mano de la triple alianza de las derechas, se convierta en un irreversible regreso al pasado.

El batacazo para la izquierda ha sido tremendo, no ha sido fortuita ni casual, pero nunca se sabe, ni nada está escrito, para quienes se empeñan en preservar su firme voluntad de ser protagonistas de su futuro.

Francisco Javier López Martín

Fuente: madridiario

sábado, 29 de junio de 2019

50 años de Stonewall: los disturbios en un pub neoyorquino que levantaron al colectivo LGTBI



Carlota E. Ramírez
28 de junio de 2019

Era 28 de junio de 1969 y la ciudad de Nueva York llevaba tiempo siendo testigo de las protestas contra la Guerra de Vietnam, del boom del movimiento hippie y de las revueltas por los derechos civiles de los afroamericanos. Esa noche, varias personas del colectivo LGTBI tomaban algo en el pub de ambiente Stonewall Inn, el único en el que podían bailar y besarse. Se encontraba en el 51 y 53 de Christopher Street.
Cuatro policías entraron a gritos a la 1:20 de la madrugada para hacer una de sus habituales redadas en las que detenían a los transexuales. Pero esta vez fue diferente: la clientela del bar se plantó. Estaban cansados de detenciones por su orientación sexual. Esas horas marcaron un antes y un después para el colectivo LGTB. Nada volvería a ser igual. 

Gays, trans, lesbianas, drags, bisexuales... Aquellos que se encontraban en el Stonewall esa noche no pensaban dar un paso atrás. Los agentes entraron, bloquearon las puertas, les dijeron que se pusiesen en fila para identificarlos y comenzar así la redada en la que se llevaban a los baños a las personas trans y, si su sexo biológico no coincidía con su género, las arrestaban. Pero esta vez no hubo miedo: se negaron a ser identificados y esto hizo que la Policía pidiese refuerzos. Comenzaron las detenciones y con ellas aumentó la tensión.  

El ruido de estos arrestos hizo que se concentrase de manera instantánea una muchedumbre frente al bar, que aumentaba por momentos. Los coches oficiales tardaban en llegar y cuando los agentes empezaron a subir a los detenidos, la gente vitoreaba. ”¡Poder gay!”, gritaban. CantaronWhe shall overcome (Venceremos) y la hostilidad se hizo presente.
Fue entonces cuando un agente empujó a una transexual y esta le contestó dándole en la cabeza con el bolso, lo que desencadenó que los presentes comenzasen a arrojar cosas al coche y tuviese lugar una riña que acabó derivando en varias jornadas de disturbios y protestas que hoy son consideradas históricas. Volaron botellas vacías y piedras y la policía repartió porrazos indiscriminadamente entre los que estaban en el bar y los que se acercaron a apoyarlos mientras muchos arrestados escapaban de los coches policiales. 

Las protestas fueron habituales los días siguientes en la calle Christopher. Se quemaron contenedores, se atacó a los coches de la Policía y Stonewall apareció con varias pintadas en las paredes: “Poder drag”, “invadieron nuestros derechos”, “apoya al poder gay”, “legalización de los bares gays”... 
Y no sólo eso: la mediatización de lo que había pasado hizo que muchas personas se acercasen a reuniones organizativas del movimiento recién creado o que llegase a otras ciudades. 
El colectivo no se volvió a callar. Fue por ello por lo que se fijó el 28 de junio como Día Internacional del Orgullo Gay.

En octubre de 1969, la mafia que llevaba el bar lo cerró. Consideró que se conocía demasiado el sitio para las actividades que ellos pretendían desarrollar. Hace una década el pub reabrió y ahora es templo de encuentro y peregrinaje al que Barack Obama declaró Monumento Histórico Nacional. 
Los disturbios de Stonewall lo cambiaron todo. Gracias a aquellas lesbianas, gays, bisexuales, drags, prostitutas y transexuales hoy miles de personas marchan en cientos de ciudades del mundo orgullosas de su orientación sexual. Stonewall no fue solo un pub. Se convirtió en un símbolo. 
FUENTE: HUFFPOST