domingo, 4 de marzo de 2018

En unidad hacia la huelga del 8 de marzo

A LA OFENSIVA
Jaime Cedrún
4-3-2018








Poco hay que explicar a las mujeres que, por ser mujeres,  padecen explotación laboral los motivos de esta huelga; poco hay que explicar los motivos de esta huelga a las mujeres que, por ser mujeres, padecen enfermedades profesionales; poco hay que explicar a madres con menores a su cargo y sin empleo, al borde de la exclusión social, los motivos de esta huelga; poco hay que explicar a las pensionistas que por una vida laboral interrumpida y precaria cobran 450 euros menos que sus compañeros varones pensionistas…
Poco hay que explicar las razones de la huelga a todas ellas, víctimas de una sibilina violencia machista, pero mucho menos hay que explicar la huelga a aquellas que padecen, casi siempre en silencio, el terror de la violencia física y psicológica en sus casas con sus parejas , ex parejas o en el centro de trabajo. Violencia que tantas veces da un último paso con el resultado de asesinato. En 2017  fueron asesinadas en España sesenta mujeres y ocho menores, trece de ellas en la región de Madrid.
Las Comisiones Obreras, junto a UGT, nos hemos incorporado a la convocatoria mundial de las movilizaciones realizadas por el movimiento feminista internacional del que formamos parte. Es esta una movilización poliédrica que requiere unir fuerzas y a la que cada cual se une, con toda la flexibilidad, como mejor considere y se pueda adaptar.
Dicho esto, cada sector, e incluso empresa, tiene flexibilidad para adherirse en otros horario, tal como está sucediendo en la enseñanza madrileña o grandes empresas industriales.
El debate no es cuántas horas de huelga hay que convocar, ni quién patrimonializa la jornada. El objetivo es  visibilizar y concienciar de un problema muy arraigado en la sociedad, reivindicar y conquistar la igualdad y para ello se requiere del concurso de toda la ciudadanía. La huelga no es un fin, sino el más importante instrumento que tiene la clase trabajadora para arrancar reivindicaciones que de otra forma no se alcanzan. La huelga laboral, que implica descuentos salariales en las nóminas, merece el respeto de toda la sociedad. Un respeto que también merece la fecha histórica del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Precisamente, el 8 de marzo tiene su origen en uno de los mayores conflictos laborales protagonizados por mujeres. 20.000 trabajadoras se echaron a la calle en aquella histórica movilización. Fue en 1909 cuando las camiseras de Nueva York, fundamentalmente trabajadoras inmigrantes, convocaron una huelga general por las terribles condiciones laborales que padecían y los salarios de miseria que percibían. Condiciones de semiesclavitud que un año después llevaría a la muerte a ciento veintitrés mujeres en el incendio de la fábrica en que trabajaban. Se encontraban encerradas porque así el dueño evitaba robos de mercancías.
El 8 de marzo de 2018 tiene que ser una jornada de movilización histórica, que trascienda a dos horas, cuatro horas o veinticuatro horas de paro laboral. Por eso hay que apoyar también las movilizaciones en el ámbito de la educación, la huelga de consumo y la huelga de cuidados. Esta jornada debe ser la de la unidad frente al terrorismo machista y la brecha salarial, dos caras de la misma moneda. La falta de derechos de las mujeres en pleno siglo XXI no se sostiene. No existe ninguna justificación para que no exista igualdad, ni desde el punto de vista económico, ni social, ni cultural, ni biológico. Este 8 de marzo debe suponer un acelerón en la consecución de una sociedad igualitaria en la que la educación sea un instrumento fundamental que moje como lluvia fina.
Desde el mundo específicamente laboral, los sindicatos de clase exigimos una negociación colectiva con perspectiva de género,  con políticas de igualdad que respeten los derechos de las mujeres, que incentiven a los hombres a solicitar permisos. Una negociación colectiva que responsabilice al empresariado y deje de considerar un “problema” quedarse embarazada. Pero además, con unidad, hay que exigir unos servicios sociales públicos de calidad que sustituyan la mano de obra gratuita femenina.
Hay que dinamitar esa tasa de paro encabezada por mujeres; hay que acabar con la doble discriminación que padecen las mujeres jóvenes para acceder al mercado laboral; hay que impedir que las mujeres copen involuntariamente el trabajo a tiempo parcial… Hay que romper definitivamente esa brecha salarial que supone que las mujeres ganen una media de 5.941 euros menos al año que los hombres realizando las mismas tareas.
Miles son las razones para la huelga del 8 de marzo y para que 8 de marzo sea cada día. Una sociedad igualitaria es objetivo histórico de las Comisiones Obreras, por eso os alentamos a participar en la jornada de huelga y, en la Comunidad de Madrid, en las concentraciones en las puertas de los centros de trabajo y en los Ayuntamientos  a las 12h y por la tarde a las 19:00 desde Atocha hasta la plaza de España en una manifestación unitaria que desbordará al patriarcado.


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