lunes, 5 de marzo de 2018

Realidad y envoltura


5 de marzo de 2018
Luis María González Fernández

Ayer se celebraron elecciones en Italia, como antes en Francia, Alemania, Reino Unido o Austria, por citar solo algunos ejemplos. Los medios de comunicación -progresistas y conservadores-, al conocer los resultados destacan el crecimiento de populismos y ultraderecha. Cabe preguntarse, sin embargo, si buena parte del aparato mediático, que ahora parece lamentarse, no ha alentado la expansión de estos movimientos. Qué duda cabe que las formaciones políticas tradicionales tienen gran responsabilidad por no saber diagnosticar a tiempo los cambios sociales y dejarse llevar por la rutina, como así queda reflejado en las urnas.
Pero como advertía Quevedo“Mala cosa cuando en el ánimo se representa la temeridad con rostro de valentía, y la cordura con rostro de cobardía.” Y con todos mis respetos, algo de esto les pasa a los medios de comunicación. Figuras notables del periodismo en España y en Europa, no han regateado elogios (y en ello siguen) a la llamada nueva política -trae aire fresco, dicen-, exhibiendo entusiasmo al informar de sus iniciativas, mientras ignoran o devalúan las propuestas y actividades de las viejas formaciones políticas y/o sociales. Si al progresismo de cartón piedra, sumamos el periodismo de francotiradores y provocadores de la derecha extrema arremetiendo contra la igualdad y la solidaridad,¿a quién puede sorprender lo que pasa luego en las urnas?
Algunos partidos se han ganado a pulso su descalabro electoral y otros acuden raudos a la bancarrota. Corrupción, decisiones políticas contra la gente más vulnerable, hostilidad ante la igualdad de derechos de mujeres y hombres, enaltecimiento del sálvese quien pueda, llevan a los partidos de gobierno a cosechar malos resultados electorales. Esa es, por tanto, su responsabilidad. No obstante, la inaceptable conducta de las fuerzas políticas conservadoras, liberales y/o socialdemócratas, no puede justificar la conducta de los medios de comunicación aplaudiendo la extravagancia y la ocurrencia por el mero hecho de proceder de formaciones nuevas, jóvenes e innovadoras. Sería aconsejable que además de ocurrentes, las ideas que se convierten en noticia no escapen del territorio de la cordura. La política, pero también el periodismo, deben reflexionar sobre lo que está pasando en Europa y en el mundo con la fuerte irrupción de populistas y reaccionarios. El oficio de informar no debería sucumbir ante la afición por sorprender.

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