martes, 12 de junio de 2018

‘Aquarius’ y la intervención militar Libia 2011: de aquellos polvos, estos lodos

Por Agencia Afni



A día de hoy Libia ha vuelto a la primera plana con la llegada de un carguero de refugiados procedentes de ese país a costas mediterráneas españolas. Un barco que será seguido de tantos otros, al igual que son multitud las pateras que intentan tocar tierra en Grecia o Italia de continuo. Los debates sobre derechos humanos básicos los dejo para quien tenga tiempo de ensarzarse en ellos en Twitter. Ningún ciudadano libio vendría a Europa (0) si Occidente no hubiera arrasado su país, primero a base de bombas, luego financiando a terroristas que han iniciado la guerra civil. Antaño, Libia era el país de paso – al igual que Túnez o Marruecos - de los emigrantes subsharianos en busca de un futuro mejor al norte, pero no de su población propia, que disfrutaban una situación razonablemente holgada dentro de África.

En febrero del 2011, la OTAN y sus aliados, bajo el vergonzoso amparo de Naciones Unidas, iniciaron un ataque en el territorio después de haber conmocionado a las opiniones públicas del primer mundo con titulares como estos:

Poner en cuestión la veracidad de estos hechos, siguiendo los principios más básicos de la Propaganda de Guerra (1), te convertía en una persona cuestionada y de dudoda catadura moral. Posteriormente, se empezaron a difundir por las redes fotos de opositores, “rebeldes” armados hasta los dientes, nada pacíficos, pero estas opiniones públicas ya tenían respuesta; “Evidente. El pueblo tiene derecho a defenderse de Gadafi”. Ya eran muchos los que alertaban que estaba oposición en realidad eran terroristas, integristas islámicos, financiados dentro de nuestras fronteras. Pero los grandes medios lo silenciaron. Todo esto, no obstante, no deja de ser una asunción de afirmaciones no probadas por mi parte, al igual que ha hecho Falsimedia. ¿A quién creer? ¿Tienen más validez lo que digan ciertos blogueros próximos a la extrema izquierda que lo que han dicho, con unanimidad, toda la radio, prensa y televisión? Pues bien, los mismos que se alzaron contra el Gobierno - y que muchos ya estábamos denunciando que eran brotes yihadistas - al tomar Trípoli como conclusión de la guerra, iniciaron una caza del negro, como represalia al apoyo que la inmigración subsahariana que trabajaba allí había dado al gobierno derrocado. Así como instauraron la sharia como libro de ordenamiento jurídico. ¿A lectores y audiencia esto no les chirriaba lo más mínimo?

Si bien esta información ya podría invitar a la reflexión por estar accesible en los medios hegemónicos, ya pudimos empezar a tener pruebas palpables con los correos filtrados por Wikileaks de la entonces Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, donde se desprendía que todo lo ocurrido meses atrás era un montaje para legitimar la invasión de Libia (2)(3)(4).


El acceso a las fuentes primarias, incluso a pesar del trabajo que ha ahorrado Wikileaks, es muy laborioso, y requiere de tiempo y voluntad el poder hilvanar los complejos hilos de esta sucia operación otanista. Pero en septiembre del 2016, un informe del Parlamento Británico critica la intervención franco-británica contra Gadafi(5), y deja de manifiesto que los motivos que propiciaron la invasión y la guerra fueron mentira, con frases como estas: “Cameron defendió en enero su papel en el conflicto, resaltando que Gadafi ‘amenazó con matar a su propio pueblo como a ratas’, si bien el comité parlamentario ha dicho que el Gobierno británico ‘no supo discernir que la amenaza a los civiles fue exagerada’”. ”Asimismo, ha manifestado que el Gobierno tampoco supo identificar ‘el elemento islamista extremista existente en la rebelión’, añadiendo que ‘la estrategia de Reino Unido estuvo basada en conjeturas erróneas y en un entendimiento incompleto de las pruebas’". "’Nos vimos arrastrados por el entusiasmo de Francia por intervenir, y la misión pasó a tener como objetivo proteger a la gente de Benghazi, que seguramente no estaba bajo la amenaza que se presentó’”.


Leer la noticia no tiene desperdicio. Para concluir, vamos a recordar los principios de no injerencia, que evitarían tragedias como esta (6):

“Cada uno desde sus posiciones políticas está en su derecho de criticar internamente lo que considere, o de sentirse más o menos vinculado con cada proceso y modelo de Estado. Pero aunque a veces se puedan cuestionar esos modelos por las informaciones recibidas que nos incomoden, hay que aplicar el PRINCIPIO DE NO INJERENCIA. Porque esas informaciones pueden ser a veces exageradas, otras directamente falsas, y aunque pudieran ser ciertas, debe ser un asunto concerniente a la propia población, ya que existe la posibilidad, nada remota, que el nuevo orden que se desea imponer sea peor, mucho peor, que el anterior. Podría ocurrir como Iraq, que tras una campaña de mentiras se arrasó el país, hasta hoy.

O como el caso de Libia, mucho menos conocido, que tras otra “intervención humanitaria” de nuevo sobre hechos falsos, el país se arrasó también, para ser ahora un mercado de esclavos.”

Mi más total repulsa a cualquiera que haya colaborado con esta catástrofe desde su posición de voz autorizada, y ahora pretenda arañar votos dándoselas de humanitario y acogedor.


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