martes, 31 de julio de 2018

AENC, un instrumento contra la desigualdad madrileña

26 JUL 2018


Casi 750.000 personas en la región de Madrid cobran salarios inferiores al Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Detrás de cada una de esas personas hay familias para quienes la crisis sigue presente aunque los datos macroeconómicos certifiquen que la recesión finalizó hace ya tiempo en nuestra comunidad. En Madrid es un hecho la existencia de trabajadores, fundamentalmente trabajadoras, pobres. Es decir, quien a pesar de disponer de un empleo tiene un salario que no le garantiza cubrir sus necesidades básicas en la vida, ni para ellos, ni para sus familias.
Sin duda, esta es una de las conclusiones más terribles que podemos extraer del estudio que presentamos la pasada semana en Comisiones Obreras de Madrid sobre la estructura salarial de la región, basado en los últimos datos oficiales disponibles.
Los datos macroeconómicos indican que la comunidad de Madrid salió hace tiempo de la recesión. Son ya cuatro años consecutivos con aumentos del PIB regional por encima de la media del conjunto de España y de la Unión Europea, con un crecimiento del 2 por ciento en 2014; un crecimiento del 3,4 por ciento en 2015; un 3,7 por ciento en 2016 y un 3,9 por ciento en 2017. Esta escalada ha supuesto recuperar más de 30.000 millones, situando a la región en términos de riqueza muy por encima del periodo anterior a la crisis.
Es decir, se ha generado riqueza pero no se distribuye equitativamente, sino que se concentra en esa minoría de siempre, poseedora de mayores rentas y patrimonios. Para más inri, se han disparado los contratos a tiempo parcial en detrimento de los indefinidos. Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), recabados en la “Encuesta Anual de Estructura Salarial”, corresponden a 2016 e indican que sólo el 18 por ciento de la contratación fue indefinida. Además, uno de cada tres contratos de este tipo desaparece a lo largo de un año.
Respecto al incremento de la contratación a tiempo parcial, aumentó en 13,5 puntos en relación al año 2008. Ambos factores unidos, dan como resultado salarios bajos y el surgimiento de la pobreza entre la población asalariada. Asimismo, el aumento de la parcialidad se está compensando en los últimos años con un aumento generalizado de horas extras, lo que supone un claro fraude de ley.
En paralelo, y con toda la desvergüenza, el beneficio empresarial de las compañías no financieras en España alcanzó el 42,8 por ciento del valor añadido bruto en 2017. Es decir, de toda la producción, casi la mitad se queda como beneficio empresarial. Las empresas del IBEX aumentaron de media su beneficio un 18 por ciento en 2017. Todo ello según datos de la Oficina Europea de Estadística (Eurostat).
Este escenario lo confirma el INE con la última estadística de Contabilidad Nacional, según la cual, entre los años 2010 y 2017, las rentas del trabajo han perdido en el PIB más de 30.000 millones de euros, mientras los beneficios de las rentas del capital se han incrementado en más de 15.000 millones.
La mencionada Encuesta Anual de Estructura Salarial también aporta información que atestigua el aumento de la desigualdad. Es decir, se puede concluir que la brecha entre salarios altos y salarios bajos se ensancha cada vez más y, aunque la brecha salarial por género se ha reducido en un 10,42 por ciento, ésta lo hace porque han descendido los salarios de los varones.
Pero los datos analizados en el estudio descubren más brechas: a menor edad, menores salarios; el sector Servicios es el que genera nuevos empleos con los salarios más bajos, mientras que Industria cada vez cuenta con menos plantillas aunque con salarios más altos.
Paradójicamente, el crecimiento económico ha tenido efectos más perniciosos en quienes al inicio de la recesión padecían precariedad temporal con menores salarios, ocupados mayoritariamente por mujeres. Nunca antes en nuestra historia reciente se había producido un ajuste salarial tan intenso y tan generalizado, lo que ha producido un contexto de desigualdad que no conocíamos desde hace décadas.
Con este diagnóstico que nos ofrecen los datos oficiales, resulta imperiosa la necesidad de incrementar los salarios, fundamentalmente los más bajos; así como recuperar esa calidad del empleo que fue arrasada durante la recesión y que ha atentado violentamente al empleo femenino.
Para desbloquear la realidad contamos con la acción sindical y el instrumento recientemente acordado entre sindicatos de clase y empresarios a nivel confederal. Esto es, el IV Acuerdo por el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), una herramienta creada para cumplirse, por lo que la patronal no puede venir con excusas de mal pagador. Además, es de suma importancia en este contexto incorporar los salarios y los convenios de trabajadores y trabajadoras de las subcontratas para igualar sus condiciones con las plantillas que trabajan en las empresas principales.
Si la recesión ya es historia, la crisis tiene que desaparecer de la clase trabajadora y sus familias. La región más rica de España, que quiere ser paradigma de modernidad, no puede ser a un tiempo ejemplo de desigualdad y desequilibrio.

Jaime Cedrún es secretario general de CCOO de Madrid

Fuente: madridiario

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