viernes, 24 de agosto de 2018

25 de agosto: Cristino García, héroe de La Madelaine

Antonio Ortiz Mateos
Historiador


Cristino García Granda nació en la parroquia de Viodo, Ferrero-Luanco (Asturias), en 1913. Marino. Ingresó en la Juventud Comunista en 1930. En 1932 se afilió al Sindicato del Transporte. En la revolución de octubre de 1934 se distinguió como dinamitero, en los asaltos a cuarteles de la guardia civil.El 18 de julio del 36 se encontraba en Sevilla a bordo del barco mercante "Luis Adaro", donde trabajaba como marinero fogonero. Con un grupo de compañeros se adueña del barco, saliendo de allí tras preparar la marcha de Gregorio Blanco y Miguel Casero, dirigentes del PCE en Sevilla. Llegó cinco días más tarde a Avilés, Asturias, pasando por Casablanca. 


Incorporado al Ejército del Norte operará como jefe de un destacamento de mineros, el batallón 46, y destaca en acciones de hostigamiento en la retaguardia del enemigo, iniciando así su vida de guerrillero. En octubre de 1936 fue sacado de allí por Juan José Manso para pasar a la escuela de Especialidades de Santander. Tras la ruptura del frente, salió de Asturias el 21 de octubre de 1937 en un barco pesquero, junto a otros soldados y unidades republicanas, siendo recogidos por los barcos de guerra ingleses que les trasladaron a Francia. Al llegar a Barcelona pasó a la 235ª Brigada del XIV Cuerpo de Ejército Guerrillero. Cristino obtuvo en ella el grado de teniente, tomando su mando tres meses antes de pasar la frontera. Constituía esta Brigada una fuerza de elite, cuyos componentes actuaban detrás de las fuerzas enemigas como guerrilleros efectuando sabotajes, trabajos de información y también como vanguardia en los combates nocturnos, como tropas de choque en situaciones difíciles, etc. Su última misión en España fue hacer la escolta del Comité Central del PCE en la Agullana. Camino del exilio, cruza la frontera en febrero de 1939. En Francia pasó once meses en un campo de concentración, saliendo a trabajar en las minas de carbón del departamento de Gard, formando parte de la dirección del PCE en la Grand-Combe. Fue uno de los asistentes a la reunión convocada por Jaime Nieto en Toulouse, a principios de 1942, en la que se decidió organizar las guerrillas españolas en la "zona libre", designándose como jefe a Jesús Ríos. También se decidió dar el nombre a las mismas de XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles, en homenaje al XIV Cuerpo de Ejército Guerrillero republicano. En otra reunión más amplia, celebrada en abril de 1942 en una barraca del Coll de Py, en el departamento del Ariège, se formalizó el nombramiento de su Estado Mayor, ratificándose como jefe a Jesús Ríos. 


Tras el nacimiento del XIV Cuerpo, se fueron formando sus distintas unidades A mediados del verano de 1943, el Comité de la zona Sur de Francia, encabezado por Sixto Agudo y el nuevo E.M. del XIV Cuerpo de Guerrilleros, dirigido por Silvestre Gómez, dieron la orden a Leandro Saún, responsable del PCE de la zona, y a Cristino García de crear la 3ª División, bajo el mando de Cristino. Estaba formada por las brigadas de Lozère (13), Ardèche (19) y Gard (21). El origen de sus actividades fue un grupo deportivo que había formado. Los responsables regionales de la Resistencia le propusieron transformar el "Grupo Deportivo Español" en "Grupo de Guerrilleros" y Cristino García aceptó inmediatamente y con él la casi totalidad del grupo. Y así nació el "Grupo de Guerrilleros de la Lozère" en 1942. Experto en el manejo de explosivos, los atentados y sabotajes dirigidos por Cristino fueron innumerables. Como las armas y los pertrechos escaseaban, el maquis los buscaba en los cuartelillos de policía, en los destacamentos alemanes atacados… Al propio tiempo intensificaron sus trabajos de sabotaje a todo lo que significara ayuda al esfuerzo de guerra alemán: derribo de postes de conducción de energía eléctrica, descarrilamientos de trenes, destrucción de pozos de minas, etc. Sus repetidos ataques hicieron bajar la producción minera de la zona en un 60%. En las cercanías de Alès había una mina, la "Roche-Belle", que producía mil quinientas toneladas diarias. Un día, Cristino descendió a la mina con veinte hombres e hizo subir a todo el personal. Transcurrida media hora durante la cual se quedó solo en el pozo poniendo cargas de dinamita, subió y gritó a todos: "Rápido, dispersaos, la mina va a saltar". Y un sordo fragor que hizo temblar el suelo anunció que la "Roche-Belle" no volvería a auxiliar a los alemanes en su esfuerzo bélico. Y como esta mina, siguieron su suerte otras industrias parecidas en Saint-Privat y en La Grande-Combe (Gard). En Saint-Jean-de-Veriscles, sabotaje de una mina con seis toneladas de dinamita: Ochocientas toneladas de carbón diarias perdidas durante tres meses para el enemigo, gracias a una operación en la que participaron once guerrilleros. En Bessèges, destrucción de un tren de laminado en la fábrica de tuberías: tres días de descanso forzoso para los ochocientos obreros de la misma. En Trescol, ocho guerrilleros sabotean la central eléctrica y destruyen los transformadores. Cristino García organizó asimismo numerosos ataques contra las fuerzas de ocupación y a sus colaboradores. Entre ellos cabe destacar la liberación de los presos políticos de la cárcel de Nimes, la emboscada contra una caravana de tropas alemanas entre Privas y Aulemas, la batalla de La Madeleine y la liberación de Mende, capital de Lozère. 


En octubre de 1943, Cristino García recibió la orden de asaltar la Prisión Central de Nimes (Gard), en el mediodía de Francia, cárcel considerada como una fortaleza inexpugnable. Cristino formó un grupo FTP con otros veinte españoles -Pedro Vicente, Gabriel Pérez, Carlos Alonso, Gerardo Lobeira, Sebastián Vicente, Joaquín Olmos, Cipriano Formos, Aquilino García, Manuel Carrasco, etc.- con quienes estudió minuciosamente los movimientos de los guardianes de la prisión, planeando la marcha, el ataque y la retirada como una perfecta operación militar. El armamento que tenían era ridículo: 17 revólveres y ocho granadas de mano para 21 hombres. No obstante ello, la sorpresa de su ataque fue total y la acción todo un éxito. Según cuenta Vilanova: "Fue el 4 de febrero de 1944, a las 9 de la mañana. En aquella acción cada uno sabía el papel que tenía que desempeñar. De aquella cárcel, en treinta años, nadie se había podido escapar. La prisión se encuentra en el centro de la ciudad. A paso de lobo, protegido por la noche, se deslizan 8 hombres; en el interior tenían un cómplice y la puerta se abrió. Cristino y sus hombres avanzaban pegados al muro hasta el cuerpo de guardia. De un salto los hombres penetran en él; los guardias se defienden. Cristino se tambalea; ha sido herido por uno de los guardias, pero todos son agarrotados y vencidos. El director de la prisión es hecho prisionero". Fueron liberados 76 presos políticos, a punto de ser deportados. En el transcurso del asalto, forcejeando con un guardia, Cristino resultó herido de bala en su pierna derecha. Transportado por sus compañeros a la casa de campo del doctor Cabout, que le extrajo la bala, algunos días má tarde le llevaron a casa de Fina, enlace del la Brigada del Gard en Nimes. El 12 de mayo de 1944 en Toulouse, tras la formación de la AGE, fue ascendido a Comandante de Guerrilleros. Cristino organizó también numerosos ataques a las fuerzas de ocupación, como la emboscada en que cayó, el 13 de julio de 1944, una carabana de tropas alemanas que marchaba entre Privas y Aulenas. Según recoge Vilanova: "Con un grupo de 19 guerrilleros españoles, se emboscó en las inmediaciones del Col-de-Eterine tras haber puesto en diferentes puntos de la carretera diversas cargas de explosivo". Cuando apareció la columna de sesenta camiones cargados de tropas, los guerrilleros les dejaron pasar a la espera de la señal de Cristino. Este había dispuesto las cargas separadas a distancia unas de otras de forma que, cuando explotaran, alcanzaran la cabeza, el centro y la cola de la columna. Cuando ésta avanzó, a una señal de Cristino explotaron las tres cargas sembrando la muerte y la confusión en toda la columna alemana. Al mismo tiempo los españoles comenzaron a disparar desde ambos lados de la carretera. "A pesar de su inferioridad numérica, los guerrilleros despegaron de sus posiciones sin haber sufrido una sola baja; los alemanes tuvieron 70 muertos e innumerables heridos". 


Otra de las acciones en las que participó, aunque tal hecho no es reconocido por todos los autores, fue la toma de Foix, capital del departamento del Ariège el 19 de agosto de 1944. La operación tenía que efectuarse con cuatro batallones, si bien a la hora prevista sólo había llegado el batallón que mandaba Abascal. Cristino no suspendió por eso la operación, rehaciendo el plan de ataque. Ante el empuje de los guerrilleros, los alemanes se replegaron, refugiándose en el Liceo a la espera de refuerzos. Ante la escasez de municiones, Cristino asume el mando de las fuerzas que asediaban el Liceo y Abascal marchó con tres guerrilleros en busca de municiones. Por el camino una joven le informa que han avisado desde Tarascón de la salida de un tren con fuerzas alemanas en dirección a Foix. A la salida de la ciudad hizo provisión de municiones y ordenó a los servidores de una ametralladora situada en la retaguardia que le siguieran. A pesar del fuego de la ametralladora el tren no se detuvo, dirigiéndose Abascal a la estación. Al llegar al lugar de la salida encontraron a Ortega, el chófer de la brigada, que les avisaba a gritos que los alemanes se disponían a salir. Para darles tiempo a llegar, Ortega abrió la puerta de un puntapié y lanzó una granada de mano en el vestíbulo. Al poco entraron Abascal y los demás guerrilleros que le acompañaban, rindiéndose sin condiciones treinta alemanes. De vuelta a las posiciones, Cristino les comunicó la situación: hacía veinte minutos que atacaban con morteros el Liceo pero los alemanes no se rendían esperando, sin duda refuerzos. Los gritos entusiastas de la población anunciaron la llegada del resto de los batallones de guerrilleros que habían tenido que hacer el camino a pie por problemas con el transporte. Tras diez minutos de fuego de mortero y cuando los españoles se disponían al asalto granada en mano, los alemanes se rindieron. Tenían ochenta muertos y heridos. Y una columna de doscientos nazis, entre ellos dos oficiales superiores y veinticinco oficiales, desfilaba, desarmada, entre los habitantes de Foix, desbordantes de entusiasmo. La capital del Ariège era libre.


Con todo, la empresa mayor que acometió Cristino y que ha llegado a ser legendaria en los anales de las acciones de las FFI fue la victoria de Castellas-de-Tornac, más conocida como la "batalla de La Madelaine", a unos 40 kilómetros de Nimes, cerca de Andouze, el 25 de agosto de 1944, donde fueron capturados numerosos soldados enemigos, junto a cinco tanques, tres cañones y sesenta camiones. En aquellos días, la consigna era no dejar circular a los alemanes, evitando por todos los medios que acudieran al norte a reforzar las defensas alemanas. Además, el 15 de agosto, el primer ejército francés, desembarcado en Provenza, progresaba hacia Lyon y los Vosgos. Según señala Vilanova: "Cristino García decidió dominar la red de comunicaciones del departamento de Gard a fin de taponar esa posible vía de traslado de las fuerzas alemanas y el 22 de agosto de 1944, con otros 31 españoles, formó un grupo al que se unieron otros cuatro franceses FTP. Con estos 35 hombres se dirigió a la encrucijada de La Madeleine en pleno corazón de las Cevennes. El plan era suprimir la amenaza que para las comunicaciones del primer ejército francés representaba una columna alemana estacionada en la zona de Anduze, 17 kilómetros al suroeste de Ales". La lucha comenzó cuando el 24 de agosto, Cristino García y sus hombres tuvieron conocimiento de que una columna del ejército alemán procedente de Toulouse marchaba hacia París, tras pasar por Albi y Beziers sembrando el terror. La misión encomendada a Cristino era impedir que llegasen a Ales donde la población temía la represión. Al amanecer del día 25 fueron detenidos en la carretera cinco vehículos que tras corta lucha dejaron varios muertos y algunos prisioneros. Al mediodía, Cristino hizo saltar el puente sobre el ferrocarril de la línea Lezan-Anduze por donde tenía que pasar una columna de la 11 Panzerdivisión, situando sus fuerzas a ambos lados de la carretera. "Cristino en persona pone la primera mina. Cada diez metros hay una; una red de cables las une y éstos están dispuestos en tal forma que al estallar las de la cabeza, unas tras otras lo harán las del centro y la retaguardia. Con este dispositivo, todo el convoy será destrozado". El pueblo cercano de Jornac ha sido previamente ocupado, observando los vigías el movimiento de la columna. A las dos de la tarde son avistadas las tropas nazis; los guerrilleros las dejan pasar; se trata de sesenta camiones, tres cañones y cinco blindados ligeros; las fuerzas se calculan entre 1.200 y 1.500 hombres. La columna que viene de Saint-Hyppolite se dirige hacia Anduce o Nimes. El puente por donde tienen que pasar está destruido, viéndose obligados los alemanes a detenerse. En aquel preciso momento las explosiones de las minas se suceden; Cristino ordena abrir fuego sorprendiendo a los alemanes que no aciertan a organizar la defensa. Los guerrilleros se desplazan continuamente dando al enemigo la sensación de ser un nutrido ejército. A las siete de la tarde los jefes alemanes se deciden a parlamentar. Cristino ordena el alto el fuego. Los alemanes, al conocer que se trata de guerrilleros se niegan a rendirse a éstos, planteando que sólo lo harán ante oficiales del ejército regular. "Finalmente se llega a un acuerdo. Se decreta por ambas partes una tregua de dos horas y dos oficiales alemanes son conducidos hasta Anduze para negociar con los jefes españoles en presencia del jefe de la gendarmería del lugar, única fuerza regular en los alrededores. Los alemanes se comprometen durante ese tiempo a no entablar ninguna acción contra los guerrilleros". En Anduze la discusión se agría. Los guerrilleros españoles plantean que la rendición debe ser sin condiciones, los alemanes, sin embargo, se resisten a aceptar tan estrepitosa derrota. Antes de terminar las discusiones y faltando a su palabra los alemanes rompen la tregua, abriendo fuego con sus armas automáticas, morteros y antitanques. Mientras tanto el mando general de la resistencia del departamento había sido prevenido y envió como refuerzo dos grupos de las CFL de Mistral, 40 gendarmes, voluntarios de Massillargues, Orthoux y Bouzène y maquis de Tornac, que se situaron en la retaguardia de la columna alemana. Por su parte el mayor Scharp, paraca aliado, contactó por radio con los portaviones aliados atracados en las costa de Provenza: cuatro aviones de la Royal Navy ametrallaron en picado la columna.  A las siete y media, los alemanes intentaron romper el cerco, pero vieron rechazados todos sus ataques. A las ocho menos diez los alemanes enarbolan la bandera blanca. "(…) aprovechando la suspensión del fuego intentaron traicioneramente otro ataque. Esta actitud colmó la indignación de los guerrilleros e inmediatamente respondieron al fuego sembrando la desmoralización total de las fuerzas alemanas".  A las ocho sólo algunos alemanes continúan combatiendo, la mayoría comienza a levantar trapos blancos, rindiéndose. El jefe del comboy, el general Konrad A. Nietzche Martin se suicida para no afrontar la derrota frente a "unos rojos" a los que él había combatido en España y la vergüenza de haber capitulado frente a fuerzas tan reducidas. A las ocho y diez minutos la batalla había terminado. "El balance es extraordinario y dramático. Los alemanes han tenido más de cien muertos, innumerables heridos y se les hace mil cien prisioneros. Y su jefe, el teniente coronel Konrad Nietzsche, que mandaba la columna, se suicida desesperado por no soportar la idea de ver capitular a 1.500 soldados alemanes ante un puñado minúsculo de guerrilleros". El comunicado publicado por el mando guerrillero dice escuetamente, sin autobombo: "(...) 32 guerrilleros con la ayuda de cuatro FTPF, después de haber volado el puente y cortado la carretera en el lugar denominado La Madeleine (Gard), libran combate a mil quinientos alemanes. Después de tres horas de lucha, la columna enemiga se rinde, dejando más de mil prisioneros en nuestras manos y trescientos muertos y heridos sobre el terreno (…)". Por su parte, Charles Tillón, comandante en jefe de los FTPF, autor del libro Los FTPF cuenta así la batalla de La Madeleine: "El puesto de FFI de la Madeleine, cerca de Anduze, a 17 kilómetros al sureste de Alès, formaba parte del dispositivo de protección de Alès. Estaba ocupado por un destacamento de FPT, inmigrados españoles bajo las órdenes del glorioso Cristino García, asesinado más tarde por Franco (…). A mediodía, Cristino hace volar el puente de ferrocarril de la línea Lezan-Anduze, obstruyendo la ruta. A las dos de la tarde, un convoy alemán se detiene delante de esta destrucción (…). Después de una hora de combate, los nazis piden parlamentar, pero a condición que sea un oficial francés en uniforme (…). A las ocho de la noche, los alemanes cercados se rinden. Su jefe, el teniente coronel Konrad Zietzache, desesperado, se suicida”". Junto a Cristino García, fueron protagonistas de esta gesta Émile Capion “Capitán Carlo”, el brigadista Laurent Geynet y Miguel Arcas “Comandante Víctor”. En la ciudad de Albi, capital de Tarn, existe desde entonces un "cementerio de La Madeleine"; en él, treinta y cuatro tumbas de soldados de la noche caídos por la libertad de Francia. Entre ellos hay nombres de españoles: Agustín García, sargento José Fernández, sargento Francisco Perera, sargento Ramón Porta... Ninguno de ellos tenía más de 21 años. 


En el pueblo de La Madeleine, en septiembre de 1946, se pusieron dos placas de mármol. En una dice: "Honneur à Cristino García, chef de maquis". Y en la otra: "Batalla de La Madeleine. 25 de agosto de 1944. Aquí los FFI del Gard, uno contra ciento, hicieron capitular a una fuerte columna alemana". Al descubrimiento de estas placas asistió, en nombre del gobierno francés, su ministro de Sanidad, René Arthaud. "Terminada la batalla, los guerrilleros de Cristino García atravesaron el mediodía francés, atacando columnas alemanas, haciendo destrucciones que impidieron los movimientos de las fuerzas nazis y liberando poblaciones. Entre otras la de Mende, capital del departamento de Lozére". Tras el fracaso de la operación del Valle de Arán" se produce un cambio de táctica, optándose por el envío de grupos guerrilleros más reducidos a España. Cristino García es elegido, dada su experiencia durante la Guerra Civil y en la Resistencia francesa, para pasar a España e impulsar la lucha guerrillera en la Zona Centro. Tras recibir un cursillo en la escuela guerrillera de Toulouse, en abril de 1945 Cristino se decide a cruzar la frontera pirenaica al frente de un grupo de diez o doce guerrilleros. Antes de entrar en España, Cristino visitó en Prades al violonchelista Pau Casals.[1] Ya en España, el grupo de Cristino tiene un primer enfrentamiento en Manresa con un policía que pretende identificarlos. En los primeros día de junio se detecta su presencia en la Sierra de Guadarrama. Según Aguado Sánchez: "El 11, el guarda forestal de Las Campanillas, del término de San Rafael, se les topa inesperadamente en La Garganta. Dicen pertenecer al grupo de los ““Dinamiteros”“, recién llegados de Francia. Hace de jefe un tal Cándido Mañanás (a) ““El Mono”“. Aunque el guarda es amenazado éste participa la novedad a su ingeniero, quien lo comunica al puesto de la guardia civil de San Rafael". Al día siguiente una de las patrullas perseguidoras sostiene un encuentro con el grupo de Cristino en el Alto de los Leones sin consecuencias. El día 13, en un bar de Peguerinos (Ávila), unos desconocidos dispararon contra una patrulla que les pidió la documentación, dando muerte al sargento que la mandaba e hiriendo a dos guardias. "Los ““Dinamiteros”“ pretendían volar el Salto del Alberche y alguna línea de ferrocarril". Estrechado el cerco, en cuyo servicio colaboró una sección del Batallón Ciclista del Escorial (Madrid), fueron localizados varios macutos con ropas, 20 cartuchos de dinamita, mechas, fulminantes, etc. Localizados los guerrilleros en el molino de Las Madejas, Las Navas del Marqués (Ávila), fueron cercados por una patrulla de Piedralaves (Ávila). "Intimidados a rendirse, contestaron intensamente con fuego de metralleta. Una lluvia torrencial, el hacerse de noche y el tener en rehenes al molinero y su mujer, dificultó el asalto. Al amanecer se ocupó el molino. Fueron hallados tres cadáveres. Los rehenes estaban ilesos. Un cuarto cadáver se encontró en un arroyo cercano, así como un quinto bandolero herido de gravedad. Éste manifestó que la partida la formaba un teniente coronel, Cristino, un comandante, dos capitanes, un teniente ayudante y siete tenientes, cuyos nombramientos habían sido conferidos por el Partido. El asalto al molino de Las Madejas, costó dos guardias civiles muertos y otros dos heridos". El día 15, las fuerzas de Navas del Rey (Madrid) apresaba a un sexto guerrillero, apodado “Zorro”, cuando intentaba con un camión ocultarse en Madrid. El 16, la de Robledo de Chavela (Madrid) detiene a “Mono” y el 20, en Valdemorillo (Madrid) son detenidos “El Pantera” y “El Muga”. Cristino y otros dos guerrilleros lograron ocultarse en Madrid, tomando contacto con algunos jóvenes militantes. 


Tras la muerte de José Vitini pasa a dirigir la Agrupación Guerrillera de Madrid. Entre sus acciones en Madrid, de gran resonancia dada su espectacularidad, figuran: atracos a bancos (el 9 de octubre el Banco Central del paseo de las Delicias, llevándose 143.000 pesetas), a empresas (Agromán), asaltos a locales de Falange (el de Ayala durante la conferencia de un jerarca, con un total de cinco muertos, entre ellos aquel, y 14 heridos sin ninguna baja por parte del grupo de Cristino o el de Buenavista, a primeros de octubre), golpes económicos como el asalto (14 de septiembre) a la estación de ferrocarril del Paseo Imperial, de donde se llevaron 21.000 pesetas, o la voladura con "plástico", hasta entonces desconocido, del transformador eléctrico de la fábrica Barreiros en Villaverde. Según señala Morán: "Todos son éxitos y crea el "Grupo Especial", seis hombres como él, dispuestos a todo. La afluencia de militantes, las ganas de pelea entre la gente es tal que se ve obligado a incorporar a más guerrilleros de los que puede controlar. El Grupo Especial se transforma en un estado mayor que no alcanza a orientar a cada partida de la guerrilla urbana. El ritmo de la actividad es imparable y todos están metidos en la vorágine sin tiempo para pensar que el enemigo algún día logrará detener a alguien del "estado mayor" y todo se vendrá abajo". Según la policía, el 15 de octubre de 1945, el mismo día en que fuera ajusticiado Alberto Pérez Ayala “César”, compañero de Trilla, es detenido Cristino en un piso franco de Madrid. Morán ofrece otra versión de su detención, relacionándola con la de Francisco Esteban Carranque “Paquito”, uno de los seis del Grupo Especial de Cristino, detenido el 16 de octubre del 45 a raíz de las investigaciones llevadas a cabo por la policía para esclarecer la muerte de una mujer, cuyo cadáver había aparecido en la calle Amor de Dios. La policía ofrecen a Carranque la libertad y pasaje para Argentina si lo cuenta todo. El 20 de octubre detienen a Cristino en la Plaza Mayor, sin darle tiempo a consumar su gran proyecto: sublevar a los presos políticos el 20 de noviembre, coincidiendo con la marcha falangista sobre la tumba de José Antonio Primo de Rivera en El Escorial. Sólo alcanzó a ver la primera parte: la fuga, en mayo, de 33 presos del campo de concentración de Valdemanco (Madrid). 

     

El 22 de enero de 1946 los integrantes del "expediente Cristino" fueron juzgados en Alcalá de Henares (Madrid). El juicio fue presidios por el fatídico coronel Enrique Eymar González, presidente del Juzgado Militar Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Durante el juicio, Cristino se dirigió a Eymar, diciéndole antes de que éste le hiciera callar: "Nosotros no somos bandidos, somos la vanguardia de la lucha del pueblo por la libertad. Los bandoleros son quienes nos acusan, quienes martirizan y matan de hambre al pueblo (…). Franco no ha sido capaz de vencernos definitivamente (…). Aunque perdamos la vida en esta empresa, Franco no podrá jamás cantar victoria (…). Tenéis prisa por deshaceros de nosotros. No queréis que el mundo vea nuestros cuerpos martirizados. Queréis ensuciar con este juicio al glorioso movimiento guerrillero. Podréis matarnos, porque para eso habéis asaltado el poder. Ese es vuestro oficio". Cuando el abogado de oficio trató de presentarlos como hombres engañados por el partido, Cristino García levantó la voz y señaló: "Es falso lo que dice el abogado, que nosotros somos gente engañada. Somos patriotas antifranquistas convencidos, que no hemos abandonado la lucha contra los verdugos que oprimen a nuestro pueblo. He sido herido cinco veces en la lucha contra los nazis y sus lacayos falangistas. Sé bien lo que me espera, pero declaro con orgullo que mil vidas que tuviera las pondría al servicio de la causa de mi pueblo y de mi patria". De los juzgados, Cristino García Granda, Francisco Esteban Carranque Sánchez, Luis Fernández de Ávila Núñez y Antonio Medina Vega fueron condenados a muertes; Gonzalo González González, Eduardo González Silván, Francisco Corrais, Alejandro Moreno Gómez, Joaquín Almazán Alonso y Eduardo Puente Guisado fueron condenados a muerte, siéndoles posteriormente conmutada esta pena por la de 30 años de cárcel; Nicolasa del Carmen Ramos fue condenada a 30 años, Antonio Aradilla Cruz, a 12 años, Balbino Moya García a seis meses y Clemente Torres, a tres meses; fueron absueltos: María González González, hermana de Gonzalo, Aurelio López Moreno, Valentín Martín Pinillo y Julián Ortiz Bonales, absueltos. El gobierno francés intercede por su vida el 9 de febrero. Giral protesta ante la ONU por la determinación del Consejo de Guerra. Sin embargo, todo resulta vano. El 21 de febrero de 1946, a las 7.00 de la mañana, Cristino García fue fusilado, junto a 11 antifranquistas más, en el campo de tiro de Campamento: Luis Fernández de Ávila Núñez, Antonio Medina Vega y Francisco Esteban Carranque Sánchez, del expediente de Cristino, y Manuel Castro Rodríguez, Cándido Mañanas Servant, Alfredo Ibias Pereira, Diego Duque Molina, José Martínez Gutiérrez, Blas Cordero Bazaga, José Antonio Cepas Silva “Lobito” y Alfonso Díaz Cabezas “Parrillero”, de otros expedientes. Cristino fue enterrado en el cementerio Sur de Carabanchel, entrando con el número 281; siendo inhumado en la zona M, fila 1ª, nº 12, cuerpo 10. La ejecución de Cristino García, dada su personalidad, héroe en la resistencia francesa en la lucha contra los nazis, causó gran revuelo internacional. La totalidad de la Asamblea parlamentaria francesa votó una moción, tras su fusilamiento, solicitando del Gobierno la ruptura de relaciones con Franco por este hecho. Francia cerró durante un año sus fronteras con España: desde el 1 de marzo de 1946 al mismo mes de 1947. 



El primero de marzo, en el número 10 de "Ataque", órgano del Alto Mando del Ejército Guerrillero, aparecía un editorial dedicado a "Cristino García Granda, jefe guerrillero y héroe popular", donde ponía en su boca el siguiente alegato dirigido al Consejo de Guerra: "Franco no ha sido capaz de vencernos definitivamente. Su victoria de traidor y vendepatrias ha sido temporal. Nosotros lucharemos contra su régimen de asesinos hasta liberar a nuestra Patria de esa peste maldita. Aunque perdamos la vida en esta empresa, Franco no podrá jamás cantar victoria". Varias ciudades francesas dieron el nombre de Cristino García a algunas de sus calles o parques.[2] El 25 de octubre de 1946 la Orden General número 25 de la IX Región Militar francesa dice: "Estado Mayor. El General de División Olleris, Comandante de la IX Región Militar cita a título póstumo: A la Orden del Ejército. Cristino García, Teniente Coronel. Resistente desde la primera hora, dotado de un alto espíritu de organización y de combate. Ha tenido bajo su mando a las brigadas españolas de los departamentos de Lozère, Ardèche y Gard. Por sus repetidos ataques en la zona minera, ha impedido el trabajo durante varios meses. Organizador del asalto a la cárcel de Nîmes que liberó los presos políticos. Bajo sus órdenes se ha liberado combate al enemigo en La Madeleine, Gard y en Pescrimet, haciendo en conjunto, a pesar de la desproporción de fuerzas y de material, 1.300 prisioneros alemanes y 600 muertos en el curso de los combates ordenados y dirigidos por este jefe de élite. Esta citación lleva el distintivo de la atribución de la Cruz de Guerra con estrella de plata dorada. Marsella, 25 de octubre de 1946". El 15 de marzo de 1947, en el Velódromo de Invierno de París, el Ministro de Guerra francés le otorga, a título póstumo, la más alta condecoración francesa. En el momento de ser fusilado, Cristino contaba con 32 años de edad. De ellos, los diez últimos los había pasado combatiendo al fascismo.



En la actualidad, su cuerpo se encuentra enterrado, junto a los de Alfredo Ibias Pereiras y Francisco Esteban Carranque, en el nicho 147 del Cementerio Sur de Carabanchel (Madrid). Junto a otros militantes que también perdieron la vida en esa época, Rafael Alberti rememora a Cristino García en estos versos incluidos en sus "Coplas de Juan Panadero": "¡Sangre de Gómez Gayoso,/ sangre pura, sangre brava,/ sangre de Antonio Seoane,/ de Diéguez, de Larrañaga,/ de Roza, Cristino y Vía,/ valles de sangre, montañas!". 


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