lunes, 18 de diciembre de 2017

Carmena, Montoro y Sánchez Mato (intervenciones, recortes y amortizaciones)

Por Antonio García Moreno, militante de Convergencia de la Izquierda - Plataforma La Izquierda Hoy
(Nota de Autor: el borrador y los conceptos generales de este artículo son previos a la destitución de Sánchez Mato)


Hace casi cinco años, el PP aprobó la conocida como Ley Montoro, una controvertida enmienda que supervisaba la gestión económica de las administraciones locales, y por tanto también el techo de gasto. Una decisión polémica, como todas las que toma el PP, y seguramente habrá multitud de análisis y documentos que argumenten que va en contra de los intereses de las mayorías sociales. Como todo lo que hace el PP. Pero es el marco legal de obligado cumplimiento para los ayuntamientos (no lo ponemos en negrita porque no es algo que nos regocije especialmente). Y es ese marco legal el que el concejal de Economía del municipio de Madrid, Carlos Sánchez Mato, el que no ha deseado cumplir a pesar de las advertencias del ministro Cristóbal Montoro, lo que ha dado lugar a una desagradable pugna durante varios meses.
Cuando Ahora Madrid ganó las elecciones ya sabía, o debía saber cuáles son los verdaderos márgenes sobre los que vas a poder maniobrar estando en el gobierno sobre las diversas partidas presupuestarias. Quizá no sería aventurado decir que o bien no sabían nada (con las penosas connotaciones que lleva ese desconocimiento), bien pasaron olímpicamente de ello, en el momento que se presentaron y vencieron sin programa (2) (3) (4). Y puedes hacer frente a una legislación injusta, si cuentas con recursos y con apoyos para poder echar un pulso al ministro de Economía y Hacienda, algo que no es el caso.
La intervención de Montoro viene, de nuevo remarcamos, por el "exceso de gasto" del consistorio. Alguien podría preguntarse si ese exceso no se contradice con el recorte que ya denunciamos en estas páginas, vinculado con el adelantamiento de deuda ilegítima a los bancos (5). O sea, cómo es posible que dejan de ejecutar los presupuestos para pagar letras bancarias, y a la vez – renunciando a esas inversiones – sobrepasen el techo. Eso es debido a dos motivos: el primero es que la amortización de deuda también es gasto. Y por tanto también cuenta para sobrepasar el techo de Montoro. El segundo, es que al no tener un programa, un proyecto de ciudad sobre el que trabajar, no tienen las ideas claras de cómo enfocar las partidas a las carencias reales de los distritos. Como encarar un presupuesto tan grande como el de una metrópoli como Madrid sin proyecto es auténtico marrón, han optado por la popularización del contrato menor cuando no sabían qué hacer con la pasta en las manos. Y ni pequeños contratos a empresas pequeñas, ni grandes contratos a empresas grandes, es la solución si no se destina a donde se quiere que sea destinado. Al final, como ya se dijo en prensa en su momento, no se ha tenido mejor idea para justificar inversión que comprar ladrillo (6). Un comodín tipo de esa (nueva) clase política que se presenta a pecho descubierto a los plenos.
A la hora de hacer oposición de izquierdas, buscamos que esta sea paradójicamente constructiva. Denunciamos aquello que no se debe hacer, y además era perfectamente evitable, como encararte con el Gobierno Central si sabes que tienes las de perder. O les aconsejamos que reflexionen y en un ejercicio de humildad - ya estando en un sillón que no van a perder – reconozcan que debían y deberán haber elaborado un primer plan de necesidades reales de los barrios, e inventariar los medios tangibles para paliarlas. Es de estos temas sobre los que queremos poner el punto de mira, y no sobre las calles peatonales de sentido único en la zona centro. Es en esas polémicas pueriles donde los actuales regidores se encuentran cómodos para confrontar a la derecha. Con el respaldo de los programas informativos y/o de entretenimiento de los boyantes canales progres.
Y a mí, como si nos exigen ir por Preciados haciendo el pino puente.
  
2 _ “un conjunto de sugerencias pero que no todas se podían entender como presupuestos de implicación programática activa"”

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