domingo, 13 de mayo de 2018

Una isla de infraviviendas en mitad de Villaverde

Los vecinos de Colonia Experimental piden acelerar la remodelación de la zona tras años de promesas


J.A. AUNIÓN
Madrid 12 MAY 2018


María Ángeles Quintana, de 64 años, asegura que muchas noches se desvela por culpa de los ruidos; el de la grieta que cada día se hace más grande en la pared y el que hacen las ratas que corren y se pelean bajo el suelo de su casa. “Estoy convencida de que este sitio me ha hecho enfermar”, añade Quintana, de baja laboral desde hace unos meses, señalando las humedades de su pequeño piso de alquiler social en la Colonia Experimental de Villaverde Alto. Las grietas, las humedades y la falta de ventilación, los malos olores procedentes de las fosas sépticas y de unas redes de saneamiento completamente deterioradas, los insectos, los baches en las zonas comunes y los cables sin aislar son, según un informe municipal encargado en 2016, características comunes en este barrio de viviendas públicas levantadas en los años cincuenta del siglo pasado por la Obra Sindical del Hogar.
Quizá no con el nivel actual de deterioro, pero la pésima situación de la colonia compuesta por 408 viviendas de entre 26 y 42 metros cuadrados repartidas en 28 bloques de tres y cuatro alturas de varias tipologías distintas, de ahí el nombre de experimental— se remonta, por lo menos, dos décadas atrás. Ya en 1996, el Instituto de la Vivienda de Madrid (Ivima), dependiente de la Comunidad, propuso derribar todo el vecindario por las malas condiciones que presentaba, y construir otro nuevo al que se trasladarían los vecinos, algo menos de 800 en la actualidad.
Entre negociaciones sobre las condiciones de la rehabilitación, los residentes, hasta entonces inquilinos “con derecho diferido a la propiedad”, fueron comprando buena parte de las casas al Ivima, que hoy conserva unas pocas decenas —por ejemplo, la que alquila por 185 euros al mes a Quintana, víctima durante años de violencia machista—. Pero los arreglos nunca terminaron de llegar, a pesar de las promesas y a pesar, incluso, de dos fallos judiciales a favor de los residentes y de un amago que se quedó en poco menos que nada: en 2012 se rehabilitó complemente uno de los bloques, pero las obras se detuvieron ahí.

Nuevas esperanzas

Por eso, ahora que la solución parece haber tomado impulso —en octubre de 2015 el Ministerio de Fomento, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento incluyeron el barrio en las Áreas de Rehabilitación, Regeneración y Renovación Urbana y firmaron un convenio que para financiar la rehabilitación de absolutamente todas las viviendas—, los recelos y la impaciencia de los vecinos siguen siendo perfectamente comprensibles, según el concejal presidente del distrito de Villaverde, Guillermo Zapata.
A pesar, continúa, del firme compromiso del gobierno municipal de Ahora Madrid por impulsar la rehabilitación de un barrio que llama la atención a simple vista. Por ejemplo, por las descuidadas zonas de tierra sin pavimentar que separan los bloques, convertidas en retretes para mascotas y aparcamientos informales para decenas de vehículos; el Ayuntamiento dice que eso pertenece a la Comunidad; el gobierno regional, que a los vecinos; y estos, que rechazan que sea responsabilidad suya, no pueden, en cualquier caso, hacerse cargo.
Precisamente las quejas vecinales impulsaron un reproche conjunto de toda la oposición municipal (PSOE, Ciudadanos y PP) en el pleno del pasado 24 de abril. Entonces, la concejal del PSOE Mercedes González citó otro estudio municipal encargado en 2016, que dice que los inmuebles de la colonia, “incluso desde su propio origen, no se podrían haber calificado como viviendas mínimas, y deberían haber sido consideradas como infraviviendas”. Y, sin dejar de recordarle al PP sus promesas incumplidas en anteriores legislaturas, González le exigió al Gobierno que cumpla las que tiene pendientes. Finalmente, todos, incluido Ahora Madrid, aprobó una moción para "resolver la situación de la colonia".  
Pese a las buenas disposiciones declaradas por parte de todos, los desencuentros —y los consecuentes retrasos— giran en torno a las dos posibles soluciones: rehabilitar los edificios actuales o tirarlos y volver a levantar unos nuevos. Esto último es lo que reclama como mejor opción el grupo de vecinos que están impulsando la reivindicación y ejercen como interlocutores ante las Administraciones, por el deterioro de los mismos y porque entienden que es la única posibilidad de aumentar la edificabilidad de la zona y hacer pisos de tamaño y condiciones más dignas. Pero como las Administraciones solo contemplaban en un principio la rehabilitación, incluir la otra posibilidad no solo requería cambiar los términos de los acuerdos de regeneración urbana entre Administraciones, sino también la convocatoria de subvenciones que van a sufragar entre Fomento (aunque las gestiona la Comunidad) y el Ayuntamiento. Tirar y levantar es 2,5 veces más caro que rehabilitar.

Sin condiciones mínimas de habitabilidad

Aquel informe técnico mencionado más arriba sobre el estado de las edificaciones del barrio encargado a dos profesores de la Universidad Politécnica de Madrid— señala incumplimientos graves “de las condiciones mínimas de habitabilidad”, la mayoría irresolubles “si se mantiene la edificación existente”. Por ejemplo, alturas de las viviendas inferiores a los 2,50 metros, superficies útiles inferiores a 38 metros cuadrados, muy pocos huecos de iluminación y ventilación, “inadecuado aislamiento de las plantas bajas” e importantes barreras arquitectónicas. Por eso, el informe concluye que la primera recomendación sería tirarlo todo y volver a levantarlo, aunque reconoce inmediatamente que esta opción podría ser “económicamente inviable”, dadas “las dificultades financieras por las que atraviesan los vecinos”. Según otro informe municipal de 2016, este de carácter socioeconómico, en casi la mitad de los hogares de la colonia (formados por 2,11 personas de media) entran menos de 800 euros al mes y en casi una cuarta parte, menos de 500.
De momento, el compromiso al que se ha llegado es que los vecinos puedan elegir —por bloques— la solución que más les guste. Y que puedan pagar; con la rehabilitación se subvencionan “prácticamente en un 95%” las obras, incluidas las de mejora de accesibilidad del edificio, destaca en una respuesta escrita el área municipal de Desarrollo Urbano Sostenible. Confiados en que los flecos se podrán ir discutiendo en el futuro, y en que la mayoría de residentes elegirán la renovación —lo que exigiría cambiar el plan urbanístico ya aprobado y tal vez más subvenciones y líneas de crédito—, los vecinos creen que lo importante es empezar cuanto antes por donde no se puede esperar más, según explica su portavoz Ana Alonso
Por ejemplo, por los tres bloques ubicados en el extremo norte de la colonia, junto a la calle de Escandón. En uno de ellos, Luisa García (52 años), que ha heredado la casa que entregaron a sus padres hace seis décadas, muestra cómo las paredes se están combando tanto que van escupiendo literalmente las baldosas de la pared de la cocina.  Sin contar con que desde hace varios años ya no se molesta en pintar las humedades porque siempre vuelven a reaparecer. Tampoco puede esperar mucho más otro vecino de los mismos bloques, Emilio Gala, que vive en unas condiciones que, asegura, le han hecho enfermar: entre otras dolencias, sufre depresión, apnea del sueño y problemas respiratorios, asegura. Una inspección sanitaria municipal asegura que las humedades de su casa facilitan el crecimiento de hongos nocivos.
Todos los implicados, incluida la Administración, asumen que esos tres bloques habrá que tirarlos y que eso ocurrirá en una primera fase. Para que esta arranque, Ayuntamiento y Comunidad deben hacer la convocatoria de ayudas, que podría estar lista en dos meses. Y, tras la tramitación de las peticiones, “una vez concedidas, todo estará listo para empezar, lo que todos queremos que sea pronto, ya que estamos deseando ver las obras iniciadas", dice en su contestación por escrito Desarrollo Urbano Sostenible.
Fuente: El País

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