martes, 14 de agosto de 2018

Los vecinos del Ensanche de Vallecas denuncian el abandono del barrio

ISABEL F. LANTIGUA
14 AGO 2018

Una de las zonas 'verdes' del Ensanche. Reportaje gráfico: JAVIER BARBANCHO


«¿Y mi barrio pa cuándo?» tararea sin cesar en segundo plano Vanesa, de 13 años, adaptando una de las canciones del verano -de J. Lo- a la realidad de su día a día, la que le oye a su madre María contar por teléfono a este periódico, y que no es otra que la preocupación por el «abandono» del Ensanche de Vallecas, donde viven, y la pregunta al aire de cuándo alguna administración «se va a tomar de verdad en serio nuestros problemas».

Según la 'Encuesta de Calidad de Vida y Satisfacción con los Servicios Públicos' de 2017 (último año disponible) del Ayuntamiento de Madrid, cinco son los problemas que más afectan al distrito de Villa de Vallecas, donde está el Ensanche: la limpieza; la contaminación del aire; la delincuencia, robos, atracos y hurtos; el tráfico y los atascos; el paro y las faltas de oportunidades de empleo. Pero según los vecinos, a éstos hay que añadir otros muy acusados, como la falta de escuelas públicas, la ausencia de un segundo centro de salud, las ocupaciones ilegales, los problemas de convivencia, los olores y el mal estado de los espacios verdes, que llevan ese color en el nombre pero, en realidad, a la vista son más de un tono amarillo seco .
Sergio Fernández, que habita en el barrio desde 2007 pero piensa seriamente en mudarse, recalca a EL MUNDO, durante un paseo en el que va señalando las carencias de la zona, que los políticos de todo signo «nos tienen abandonados y engañados, no dejan de prometer cosas que nunca cumplen». Es consciente de que los problemas vienen de lejos, pero dice que «aquí votamos muy esperanzados en las últimas elecciones al actual equipo de Gobierno, de Ahora Madrid, y en tres años muchos hemos quedado desencantados, pues han demostrado ser como los demás». Igual de crítico se muestra con el Gobierno de la Comunidad, del PP, al que también culpa de la situación. «Todos son responsables, ninguno hace nada por nosotros», protesta.
El ambicioso desarrollo urbanístico de la década de los 90 que podría haber emocionado a Spielberg -en la misma jerga tuitera en la que los vecinos muestran su malestar en la red social con la etiqueta #ensanchevallecasabandonado- se quedó en un guión fallido e inconcluso. «Nos vendieron un barrio de película que nunca llegó a existir», lamenta a este diario Paloma, una década en el Ensanche, el barrio del sur que iba a ser como los del norte pero se quedó sólo en la intención. Esta profesora de secundaria y madre de dos niñas considera «especialmente grave que sólo haya un centro de salud para los más de 40.000 vecinos censados y que también atiende a la población de Congosto». Paloma explica que el centro «está completamente desbordado y si buscas cita para un par de días nunca hay disponibilidad hasta, como mínimo, la semana siguiente».
Las Administraciones han prometido la construcción de un segundo centro, pero en medio de una pelea entre la Comunidad y el Ayuntamiento, la parcela donde se iba a edificar (en Bernardino de Pantorba), sigue siendo únicamente un descampado con basura, maleza, latas de bebidas desperdigadas y el vallado roto.

Una carrera de obstáculos

El otro gran problema, indica Paloma, es «la falta de centros educativos públicospara cubrir las necesidades». Cuando ella se mudó al Ensanche, sus hijas tenían tres y seis años y «todos los cursos es una odisea la solicitud de centros», dice resignada. Critica que «durante años, los chicos que terminaban 6º tenían que irse bastante lejos para cursar la ESO». Para paliar esa situación, hace dos cursos empezó la obra del Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) María Rodrígo, aún sin terminar. Y el proceso ha sido una carrera de obstáculos. "No había aulas para todos los grupos y la educación física se hacía en los pasillos y el recibidor porque el gimnasio no se terminó hasta el pasado mayo», expresa esta maestra, que no ve que «la administración tenga intención alguna de corregir estos problemas».
Coincide en todo Sergio. Cuando se mudó acababa de abrir el centro comercial La Gavia, por entonces el más grande de Madrid. «La cuestión es que seguimos prácticamente con los mismos equipamientos que hace 11 años», lamenta este hombre, que no hace más que dar avisos a los servicios de Línea Madrid para que recojan los cartones acumulados alrededor de los contenedores, para que repongan árboles en los alcorques vacíos, para que arreglen los desperfectos evidentes de las aceras y para que limpien la basura de la calle. «Aquí nadie mueve un dedo hasta que no nos quejamos. Si no damos aviso no se limpia nada», indica Sergio, que ironiza con que «los vecinos si ven un barrendero se hacen selfies con él, de lo raro que es encontrar uno».
El parque de La Gavia, bandera del proyecto olímpico 2016, es hoy un espacio seco «con falta de desbroce y riesgo de pequeños incendios, como otros del barrio», explica María, que no dejaba a su hija bajar a jugar ahí. Pero a pesar de que estas zonas verdes «están abandonadas a su suerte», se ve a algunos vecinos correr en pleno agosto entre las hojas secas.
Además, faltan conexiones con la autovía A-3, lo que provoca grandes atascos. Las paradas de autobús no tienen marquesinas y la frecuencia del transporte de la EMT, según confirma uno de los conductores del 145 durante uno de sus descansos de la ruta, «es de 16 minutos en verano y de entre nueve y 11 en invierno». No obstante, «en estas fechas la gente ya está resignada y no protesta», indica. Tampoco hay biblioteca, aunque se ha pedido y presupuestado varias veces, y faltan policías. Hace dos fines de semana sólo hubo una patrulla porque la segunda estaba agregada al distrito Centro.

Los malos olores, la cruz de los vecinos

Y, a todo eso hay que sumar el inconveniente que más quejas motiva: el olor procedente de la incineradora del Parque Tecnológico de Valdemingómez, a dos kilómetros. La Delegada del Área de Medio Ambiente y Movilidad, Inés Sabanés, ha anunciado un plan para cerrar dicha incineradora en 2025. Pero el plazo no convence a los vecinos. «Soportamos olores nauseabundos. Hace una semana, las rachas de viento trajeron un olor que impedía abrir las ventanas y, aún así, se colaba en casa. Y esto en medio de una ola de calor», destaca Sergio, que asegura que «en julio tuvimos que estar 20 de 31 días con todo cerrado».
Para el concejal del PSOE en Vallecas, Ignacio Benito, «la historia del Ensanche es la de más de una década de abandono e improvisaciones. Un barrio que fue mal planificado, olvidado por los gobiernos del PP y que ha visto que la llegada del Gobierno de Ahora Madrid ha supuesto un cúmulo de decepciones e incumplimientos». Lamenta Benito, que también afea la gestión del Gobierno regional, que el barrio «se hiciera sólo por dinero, como parece demostrar el hecho de que uno de cada tres pisos vendidos a fondos buitre en la región están ubicados aquí».
Por último, los problemas de convivencia aumentan los meses de verano. A los habituales «con los okupas o con algunos adictos que van al sector 6 de la Cañada Real a pillar su dosis y dejan la jeringuilla donde les cuadra», dice María, hay que añadir «las peleas con familias de etnia gitana que organizan fiestas flamencas en la calle hasta altas horas de la madrugada y no dejan dormir a los vecinos», cuentan otros afectados, que prefieren guardar su anonimato.

El Ensanche se convirtió en 2017 en el barrio número 129 de Madrid, al ser declarado barrio administrativo, con entidad propia. Un avance importante, aunque Benito critica que «no ha ido acompañado de medidas políticas ni de los recursos necesarios»
Así que bienvenidos a Las Suertes, como se llama una de las paradas de metro que da a este paisaje de Vallecas, aunque los vecinos dudan, incluso, de que el azar esté de su lado.
Fuente: El Mundo

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