martes, 4 de diciembre de 2018

'Flatus Vox'

Pedro Insúa
3 dic 2018

EFE

La irrupción de Vox en el panorama político, que se confirma con la entrada en el Parlamento andaluz con 12 diputados, se produce tras el intento de golpe separatista del 1-O y la consiguiente respuesta, pusilánime, del Estado a través del gobierno de Mariano Rajoy. La moción de censura, y el acceso al Gobierno del PSOE de la mano de Sánchez, apoyado por los partidos, si no directamente separatistas, sí cómplices del separatismo, está catapultando (por lo menos en las encuestas) a la formación verde a salir de la posición marginal y aletargada en la que se encontraba. Vox surgió a la vez que Podemos, en enero de 2014, buscando ser su imagen contraria en el espectro ideológico político español, pero, sin embargo, en contraste con Podemos, no pasaba de sumar unos miles de votos.
El empuje golpista del catalanismo ha encontrado respuesta, en cierto modo inesperada, en un movimiento patriótico español que, con el lema "no somos fachas, somos españoles" (lean el acertadísimo libro de Landaluce de título homónimo), salió a las calles de Barcelona el 8-O de 2017. Parece ser que es Vox el que más partido electoral le está sacando a este movimiento, en la medida en que, y esto es un acierto de Vox, ante la disyuntiva planteada por el catalanismo (Estado o sedición), Vox se ha posicionado, sin tibieza ni contemporización, a favor del Estado contra la sedición, dando la batalla contra el secesionismo de un modo más beligerante que ninguna otra formación política.
Ahora bien, sin embargo, en su discurso, Vox introduce un lenguaje maniqueo que, creemos, lejos de fortalecer a la sociedad política española, lo que hace es producir división en ella, por más que sus dirigentes pretendan lo contrario. En concreto, en los discursos de Vox se desliza la idea de que "la izquierda", así en singular y en bloque, es cómplice del separatismo, lo que produce inmediatamente el efecto de situar en "la derecha" al genuino patriotismo, cristalizando finalmente este discurso maniqueo en el alineamiento, sin más, entre separatismo y comunismo (sobreentendiendo a este como el no va más del izquierdismo). El "comunismo" se concibe, pues, por la vía de la descalificación (así ocurrió este sábado día 1 de diciembre, en el discurso que Abascal pronunció en la concentración convocada por DENAES en Madrid), como una ideología perversa para la nación ("anti-España") que tiene que ser retirada, para sanearla, de la vida social y política española.
Sin embargo, tal alineamiento (comunismo-separatismo) nos parece gratuito, completamente ideológico en sí mismo, y que, además, por su carácter maniqueo, hace un flaco favor a una defensa patriótica, y razonada, de la nación española.
Y nos parece gratuito porque, entre otras cosas, en el comunismo como tal, por lo menos en el que dio vida a la Unión Soviética (el marxismo-leninismo), no existía un plan secesionista de descomposición del estado, ni tampoco de la nación (en el sentido de la nación soberana). Al contrario, el comunismo, en su versión marxista-leninista, es antiseparatista y antifederalista (otra cosa son sus revivalsposmodernos).
Es verdad que, en la abigarrada tradición marxista, nación y nacionalismo son conceptos controvertidos, existiendo distintas perspectivas, muchas veces contrapuestas, en torno a la idea de nación, que hace que la resolución marxista al problema quede abierta a distintas interpretaciones (desde la austromarxista de Otto Bauer -que inspiró a Falange, por cierto-, hasta el propio marxismo-leninismo, pasando por los análisis de MehringRosa LuxemburgoKaustky, etcétera). Y es que el concepto de clase universal proletaria, concebido como sujeto revolucionario inter-nacional, convierte a la nación y a la conciencia nacional en problemática, permaneciendo así en "cuestión" (la "cuestión nacional"), siempre estando su resolución en función de los intereses de la clase "universal" (a los que, se supone, se subordinan los intereses nacionales).
Será atendiendo a determinadas coyunturas como se ventilará tal cuestión, no existiendo, en puridad marxista, una solución "general" a la cuestión nacional. Así lo dirá Stalin con claridad meridiana en su célebre obra dedicada al tema: "Repito: condiciones históricas concretas como punto de partida y planteamiento dialéctico de la cuestión como el único planteamiento acertado: esa es la clave para la solución del problema nacional" (Stalin, El marxismo y la cuestión nacional, p.48, ed. Fundamentos)
Por eso, y sin salirnos ni un ápice de los grandes referentes marxistas, podemos observar cómo estos resuelven tal cuestión sin caer, ni mucho menos, en posiciones que lleven al secesionismo, entendiendo que, de algún modo, en el proceso de transformación revolucionaria la conciencia nacional canónica, aunque tenga un signo distinto, de algún modo se conserva: "siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del poder político, su exaltación a clase nacional, a nación es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía" (Marx y EngelsEl Manifiesto Comunista, ed. Endymión, p. 62)
Lenin en El Estado y la Revolución insistirá en este punto, precisamente para tomar distancia frente al anarquismo, y así dirá que en Engels y en Marx, si acaso se admite el federalismo, se hará como paso intermedio (como concesión a la cuestión nacional) con vistas a la consumación, tras la revolución, de una república unitaria y centralizada: "Engels, como Marx, defiende, desde el punto de vista del proletariado y de la revolución proletaria, el centralismo democrático, la república única e indivisa. Considera la república federativa, bien como excepción y como obstáculo para el desarrollo, o bien como transición de la monarquía a la república centralizada, como 'un paso adelante' en determinadas circunstancias especiales". En los artículos que Lenin dedica a la cuestión nacional insistirá, con frecuencia, para que no haya dudas, en la necesidad de mantener las distancias respecto al federalismo de los prodhonianos y bakunistas: "los marxistas no propugnarán en ningún caso el principio federal ni la descentralización" (Lenin, Notas críticas sobre el problema nacional, p. 34, Editorial Progreso).
En esta misma línea, dirá Stalin, la idea de la "autonomía nacional", y su intento de cierre político (soberano) sobre ella (independencia), perjudicará totalmente a los fines, planes y programas de realización del comunismo, al fragmentar el movimiento obrero y confinarlo en compartimentos estancos "nacionales. Pero será Rosa Luxemburgo, en todo caso, la que de un modo más beligerante muestre su desconfianza, o más bien directamente rechazo, a la idea de "autodeterminación de las naciones" al comprenderla como una noción "metafísica", incompatible con el materialismo dialéctico.
El comunismo, en definitiva, es una doctrina que no propugna el separatismo, ni mucho menos, sino al contrario, la unidad y el centralismo. Precisamente la creación de la URSS supuso la restauración territorial de la Rusia de los Zares (devolviéndole la unidad que tenía con anterioridad a la paz de Brest-Litovsk), de la misma manera que el comunismo de Tito mantuvo a Yugoslavia unida. Fue, precisamente, tras la caída del comunismo cuando se produjo la consiguiente fragmentación de tales sociedades.
Es por esto que sacar el espantajo del comunismo -como sacar el espantajo del franquismo-, de un modo además falsario y tendencioso, con afán descalificatorio hacia el rival político (¡rojos!,¡fachas!), no contribuye en nada a robustecer a la sociedad española frente al separatismo. Al contrario, contribuye a que los españoles se cierren en banda, en torno a una serie de voces descalificatorias, de uso puramente ideológico y propagandístico, sin un mínimo de sentido y rigor conceptual (facha, rojo, comunista, totalitario, franquista, fascista), y se dividan en banderías ante el separatismo, saliendo así este bien fortalecido.
Flatus Vox.
Pedro Insua es filósofo, profesor y autor, entre otros, de Guerra y Paz en el Quijote(Encuentro, 2017).
FUENTE: El Mundo


No hay comentarios:

Publicar un comentario